9 de June de 2012 00:02

Un almuerzo entre viandas y poesía

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A la crema de champiñones siguió un pescado con ensalada y yuca. El tintineo de vasos y cubiertos se interpuso con las voces de la poeta española Olvido García, del argentino Jorge Boccanera y del mexicano Alí Calderón, invitados al Poesía en Paralelo Cero.

El Encuentro, una serie de lecturas, retoma el carácter oral de la poesía y la función de la escucha. Y por allí empezamos a hundirnos en el tema que nos convocó, al mediodía, con sol y calor, en un hotel capitalino. A las palabras de cada uno de los interlocutores seguía un sorbo de gaseosa, un trago de cerveza, una imagen, un recuerdo, un referente.

“La poesía en sus inicios era oralidad, una cuestión sonora”, empieza Boccanera. “Es la tradición, pero ahora sucede un fenómeno distinto: la poesía que escuchamos ya no es la tradicional que parecía nacida para ello por sus mecanismos rítmicos y sonoros en función de la memoria”, completa García. Y Calderón complejiza la charla pues habla de esa poesía que en la segunda mitad del siglo XX se encerró en sí misma, se alejó de la gente y postergó la escucha tras una lectura personal ante el libro, exclusiva para el receptor.

Entonces, temas más intensos, sino profundos, se pusieron sobre el mantel, entre las viandas y los utensilios. Que lo lírico se ha expandido hacia otras manifestaciones; que ha ampliado su campo a las artes visuales, musicales, escénicas; que esto viene ocurriendo desde los 70; que ahora es más enmarañada la hibridación de lenguajes, algo que hace de la poesía, digresión.

Una digresión compleja en tiempos de simultaneidad y virtualidad. El mundo está fragmentado y la atención es dispersa lo cual hace que Alí vea al poema “como una colección de escombros”. Pero ese déficit de atención -para Olvido- no es habilidad; si bien el poeta tiene la capacidad de escindirse en tres o más, debe mantener la atención el tiempo necesario, si no, no hay trabajo.

Pero Alí vuelve al debate y postula la “poética del hombre dividido”, en referencia a las maneras en que los jóvenes se relacionan con su entorno. Ante ello, Olvido apunta hacia el teórico Marshal McLuhan: que el medio hace el mensaje, que la tecnología modifica la percepción, que la galaxia Gutemberg terminó y vivimos lo electrónico. Y que dispersión no es lo mismo que simultaneidad.

Boccanera, en cambio, habla sobre una falta de compromiso con la imaginación, en un momento en el que todo está ya digerido y ejemplifica: “cuando comes una hamburguesa se olvidan los siglos que tardó el hombre en tomar un tenedor. La imaginación, que es un trabajo artesanal, se pierde”.

La poesía pierde imaginación, así como pierde su signo de aventura: antes el poeta era un viajero que con su palabra traía nuevos mundos, ahora no sale de su oficina. Y si la metáfora no deja de ser una buena imagen, es menos aguda, ya no es la identificación entre dos términos, sino el simple roce. Y con ello hay una poesía más plana, denotativa, un poema comentario o diario o narración o carta: un poema sin enjundia.

Sin embargo, es una poesía deudora del pasado, de una tradición (incluso una tradición de continuidades y rupturas). Ese pasado entra por la lengua o la piel, y va más allá de clasificaciones y tipologías, fórmulas que -a los ojos de estos poetas- han hecho más daño que bien, que reducen lo irreductible, y que apenas son útiles para la enseñanza, la crítica vaga, la academia, la política cultural.

“El poeta no es uno solo, pues opera en diferentes registros”, dice Alí, y así se entrega a la aventura estética, se aleja de lo plano, asume la transgresión como categoría estética y no como palabra vacía. Los encasillamientos y los dilemas entre el hermetismo y otras poéticas, para Jorge, son cuestiones resueltas; para él, el poeta es quien hace coexistir la búsqueda de formas y los cuestionamientos para interpelar la realidad.

Una definición de poesía siempre es un terreno resbaladizo. Pero, al no existir límites evidentes para lo poético, ¿cualquier discurso puede ser tomado como tal? Jorge dice que no, que hay criterios para evaluar la poesía: el ritmo, las imágenes, una labor con el lenguaje, una intensidad que sobrepasa la ocurrencia.

La poesía actual trasciende la alteridad entre España y Latinoamérica, la península mira la importancia de la poesía americana y el continente no deja atrás la influencia rectora de autores como García Lorca. Pero existe un desconocimiento de nombres y poéticas, un desconocimiento que apunta hacia problemas de sociología literaria y de política, hacia el vestigio de la poesía como algo lateral, un adorno en un mundo mediático y frivolizado.

Y mientras los alimentos cada vez son menos sobre los platos, aparece Nicanor Parra y un nuevo, subjetivo y vehemente debate sobre el antipoeta chileno. Es que la poesía, ese terreno deslizante y sin límites, siempre da de qué hablar, se abre a otra discusión.

¿Usted, lector, que podría aportar en esta conversación? ¿Cómo ve y hacia dónde va la poesía?

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