Adolfo Álvaro Martín: 'Ecuador, México y España viven la época del ciberactivismo'

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Diego Ortiz. Redactor ortizd@elcomercio.com

Panfletos, manifiestos y pancartas hace rato ya no son los únicos elementos al momento de movilizar a las masas. El ciberactivismo (aquel que se realiza, mayoritariamente, a través de redes sociales) ha replanteado nuevos modelos revolucionarios.

España (15M), Ecuador (Rebelión de los Forajidos) y México (#YoSoy132) son tres ejemplos de cómo se originan y fortalecen las movilizaciones ciudadanas. Tres países que sirven a Adolfo Álvaro Martín como base de 'Revoluciones Horizontales', libro en el que analiza la relación entre ciberactivismo y movilizaciones ciudadanas. EL COMERCIO habló con el investigador español sobre algunos de los temas que subyacen en su propuesta.

¿Cuán horizontal puede resultar una revolución que depende de tecnología no accesible a toda la gente?
Se han denominado 'revoluciones horizontales' porque parten del principio de la comunicación horizontal, que radica en que cualquiera puede contactar a otra persona de una manera directa. La información se transmite entre los usuarios sin intermediarios.

Un ejemplo es Brasil. Sin tener una penetración muy elevada de la Internet móvil, lo cierto es que allí las movilizaciones que se han producido a raíz de la pasada Copa de Confederaciones, además de las que se llevan produciendo a lo largo de este año, han contado con muchas personas que en principio no han tenido dispositivos de telefonía o acceso a redes sociales.

¿Y qué sucede en este movimiento de información cuando aparecen los 'trolls' dentro de una época de ­revoluciones?
Cuando existían los medios tradicionales como única fuente de información, todos hemos conocido las intoxicaciones que se incorporaban a través de ellos. ¿Y eso convertía en menos interesante o menos objetivo lo que estaba ocurriendo? Pues nunca se puso en duda.

A mí no me preocupa tanto la intoxicación sino la ocupación del espacio que genera este nuevo modelo. Hasta ahora, todas las demandas se canalizaban a través de un mismo sistema. Yo acudo a una urna y deposito mi voto. Los elegidos consideraban que ellos con esto tenían una legitimidad para hacer lo que quisieran. Lo cierto es que por muchos motivos, los ciudadanos han decidido que eso ya no es suficiente. La postura pasiva no se considera adecuada. Y no van a utilizar un 'troll'. Se posicionan los propios protagonistas del malestar.

Como señala en su publicación, en Ecuador la telefonía móvil y Radio La Luna marcaron un hito en la manera de hacer revoluciones a inicios del siglo...

Ecuador es un caso paradigmático, porque cuando se estudió este caso lo primero que se encontró fue que se dieron unas circunstancias que hasta ahora se habían dado en muy pocos sitios. Entre las razones por las cuales pasó esto fue el agotamiento del modelo democrático. Luego, la desafección a los partidos. A partir de eso aparece una pequeña emisora que se convirtió en el espacio alternativo para esos jóvenes que daban menos importancia a los canales de información tradicionales.

Pero no todo fue gracias a La Luna. Un aporte importante vino de los usuarios de telefonía móvil, personas que intercambiaban información a través de sus celulares.

¿Estas revoluciones dan pie a nuevos paradigmas de gobierno?

Lo que subyace en esto es la crisis de la democracia de carácter liberal. Es impresionante mirar que en esos países donde más tardó en llegar la democracia es donde más pronto ha empezado el proceso de deconstrucción de esos modelos. Quizá por las expectativas. La democracia, entendida como la participación de todos los ciudadanos en la toma de decisiones, se tiene que redefinir. Y si no se hace, es posible que vivamos procesos donde la anarquía es el gran peligro, donde otros ­entiendan que las soluciones a los problemas pueden ser de otro tipo (populistas, dictatoriales). La democracia no es un proceso estático.

En el mundo digital, ¿quién es el ciudadano? ¿A qué patria se pertenece?

Más que la idea de ciudadano digital, estamos frente a un modelo de ciudadanía global. Nosotros podemos vivir en un país concreto, pero al día hoy es imposible que podamos vivir al margen de lo que está pasando en un entorno que, por mucho, ha dejado de ser el mundo pequeño con el que nos relacionamos. Seguimos siendo de una tierra, pero cada vez tenemos más mestizaje con elementos globales de cosas que están pasando. En plena época de rápido intercambio de información, todos consumimos datos de otras latitudes.

  • El libro

'Revoluciones Horizontales' analiza la desconfianza de los ciudadanos respecto de la política e intercambio de información.

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