20 de May de 2010 00:00

60 chicos pasaron una noche en el Centro Cultural Metropolitano

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Redacción Cultura

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La noche del martes, un guardia sonriente recibía a los visitantes del Centro Cultural Metropolitano.El lugar donde está el Museo Alberto Mena Caamaño tenía vida en un horario poco usual. Sesenta chicos de primero y segundo de bachillerato del Colegio Municipal Sucre permanecieron ahí de 19:00 a 07:00 de ayer para vivir su noche en el museo.Se sentían privilegiados porque era la primera vez que un grupo de estudiantes podía celebrar así el Día del Museo, en Quito. Los chicos participaron en yincanas y recorridos por el histórico edificio. Aunque el colegio está cerca (Montúfar y Sucre), la mayoría de estudiantes apenas estaba enterándose de su historia. Los muchachos fueron con su uniforme deportivo, pero algunos ‘tuneaban su look’ con camisetas con capuchas de colores bajo la blanca con el identificativo de su colegio. Algunos aguantaban el frío para no sacrificar su imagen y aunque tiritaban, su chompa estaba amarrada a la cintura. En diversos recorridos con guías y actores, aprendieron que el actual Centro Cultural había sido en origen una universidad. También fue allí donde estuvo encarcelado Eugenio Espejo y donde las tropas realistas asesinaron a los próceres de la Independencia el 2 de agosto de 1810. Los chicos aprendieron esto y mucho más mientras jugaban entre las antiguas paredes del lugar. Sintieron miedo por las historias de fantasmas que rondaban por ahí y rieron al descubrir que un grito en medio de las imágenes de cera que recreaban aquella matanza era nada más que una broma de los organizadores de esta noche cultural.Pedían que al escuchar las leyendas quiteñas que El Diablo, uno de los personajes del colectivo teatral Quito Eterno, todas las luces estuviesen apagadas. Dejaron por una noche a un lado sus celulares. Los usaban solo para tomarse fotos. Habían pasado muchas veces cerca de una gran roca en uno de los patios. Pero ese día se enteraron de que se trataba de una picota, donde muchos, por diversas acusaciones, morían ahorcados o golpeados. Rieron al escuchar que el lugar donde eran arrojados los cadáveres de quienes no merecían cristiana sepultura según la ley de siglos pasados, era actualmente la Asamblea Nacional. Los alumnos visitan usualmente la Biblioteca que funciona en el edificio pero no se habían fijado en un fondo antiguo donde aún se conservan libros hechos con materiales como piel de borrego. Entre risas y coqueteos, ellos aprendieron jugando. Tenían bolsas de dormir, pero a la medianoche aún no querían usarlas. Los chicos querían seguir disfrutando su noche en el museo.

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