21 de March de 2012 00:03

30 minutos, 33 segundos: 5 experiencias con Beethoven

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Italiano, francés, español, inglés y alemán. Todos estos idiomas fueron necesarios para entablar una conversación de 30 minutos y 33 segundos con la directora y los cuatro cantantes líricos que a partir de hoy, y por tres días, pondrán en escena la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven en Quito.

En las oficinas de la Orquesta Sinfónica del Ecuador (OSNE), con apremio por el tiempo pues los músicos debían dividirlo entre el turismo y los ensayos, se llevó a cabo esta conversación con la directora Nathalie Marin y los cantantes Carmine Mónaco (barítono, Italia), Lídice Robinson (mezzo soprano, Ecuador), Yanzelmalee Rivera (soprano, Puerto Rico) y Jean Francis Monvoisin (tenor, Francia). En un ambiente atravesado por sentido del humor de corte musical, todos hablaron de una pasión compartida.

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La primera en tomar la palabra fue Marin. La premura de su intervención se debía a que ese lunes tenía otra entrevista con un medio de televisión local. ¿Maestra por qué iniciar su carrera en Ecuador con esta obra?, fue la pregunta inicial. Tras ello, y con un español que se entremezcla con italiano y francés, la directora respondió: “Porque mi intención es proponer al público ecuatoriano una obra popular y musicalmente intensa, al mismo tiempo”.

El hecho de la popularidad de la Novena Sinfonía no quita ese nivel de dificultad que tiene Beethoven en su escritura. Al menos esa es la opinión de Robinson, la cantante ecuatoriana que vuelve al país luego de seis años de éxito en el Colón, de Buenos Aires.

“Esta pieza es rica en contenido. Pese a ello, la popularidad ha hecho que pierda su profundidad”, comentó la mezzo soprano. ¿Pero dónde piensa usted que radica esa profundidad?, es una de las interrogantes que salta en la conversación. Tomando una bocanada de aire, como si fuese a cantar una parte del Himno a la Alegría, como también se conoce a esta pieza, Robinson dijo: “Es una obra maravillosa y me ha llenado mucho y me ha hecho creer en el ser humano porque no hay discriminación para los buenos ni para los malos. Todo en ella es felicidad”.

Enseguida, todas las miradas se dirigieron hacia Rivera. Ello porque la siguiente pregunta era para la joven cantante portorriqueña. ¿Qué opina sobre el hecho de que la popularidad resta profundidad a la obra? No dudó en decir que “se degrada un poco en el diario vivir. Llega mucho por su popularidad y cuando la gente va al teatro se identifica con su alegría”.

En tres frases dio a conocer un poco del nerviosismo que tiene. Es que esta noche es la primera ocasión en que interpreta esta obra. A pesar de ello, Marin comentó que tener una joven soprano da un matiz especial a la obra.

Quien no tiene miedo es Mónaco. Él ya ha interpretado en algunas ocasiones esta obra y su voz abre la parte vocal de la sinfonía cuando canta “O Freunde, nicht diese Töne” (Oh amigos, cantemos en otro tono). ¿Y qué significa para usted dar este grito para que la voz se integre a los instrumentos? “Es una especie de liberación. En aquel momento él (Beethoven) ha querido abrazar a la humanidad. Él ha usado estas palabras para conciliar a todos”.

En medio de la conversación, no hacía falta recordar de quién se nutre esta obra: Schiller y su poema Oda a la Alegría. Al respecto, Monvoisin comenta que este poema musicalizado con la Novena tiene un carácter contemporáneo. Esto gracias al hecho de que “el tema del poema de Schiller habla del hombre como un héroe nuevo; como la persona encargada de llevar a cabo el ideal de la fraternidad. Algo que era posible desde los antiguos griegos y que ahora también resuena en medio de la guerra”.

Ya cerca de terminarse la más de media hora con los cantantes, la guerra fue tema de conversación entre todos, que concordaron en algo: “la Novena Sinfonía nos lleva a vivir la historia de la humanidad: bélica, rencorosa, y que en la música ha hallado momentos de paz”. Entre relatos y reflexiones, la Novena ha calado en los encargados de dar su voz a un tema de casi dos siglos de vida.

Sobre el concierto

La maestra Nathalie Marin  debutará como Directora musical de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador con la Novena Sinfonía de Beethoven.
 
La obra se presentará   a través de una minitemporada, en el Teatro Sucre,  del 21 al  23 de marzo,  a las 19:30. Participarán   250 artistas en escena, entre instrumentistas de la OSNE, cantantes líricos invitados y coreutas.

Las entradas  para las tres  presentaciones tienen un costo de  USD 10 palcos y platea, y USD 5 luneta alta. Los boletos  se encuentran ya a la venta en el  Teatro Sucre y los distintos puntos de Ticket Show.

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