4 de March de 2011 00:00

29 voces en una muestra de poesía

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Del poeta Alfredo Gangotena se toma el nombre ‘Tempestad secreta’ para titular la más reciente selección de poesía de autores ecuatorianos. Son29 autores, aunque podrían ser 30, pero no lo son... Los textos se reúnen bajo los criterios y el gusto de sus compiladores: Luis Carlos Mussó y Juan José Rodríguez.

Ambos consideraban ya a ciertos autores como imprescindibles; ello se completó con una lectura más reposada de la realidad, hasta que se conformó el corpus y la Casa de la Cultura apoyó la publicación

‘Tempestad secreta’ no es una antología, es una muestra. Ya en el prólogo se busca distinguir este término de otros utilizados para designar a este tipo de publicaciones (antología, compilación, índice, lectura). La muestra -define el diccionario- es la parte extraída de un conjunto, por métodos que permiten considerarla representativa del mismo.

Y la definición corresponde al fin perseguido por los compiladores. Tiene que ver con la imposibilidad de dar cuenta de una realidad que rebasa las capacidades del antólogo. Además se intentó abarcar la diversidad de registros en cuanto a formas, lenguaje, actitudes y temáticas de la poesía.Se ha buscado dar espacio a los autores nacidos entre 1950 y 1980, a excepción de quien abre la muestra, Huilo Ruales Hualca (1947). La inclusión de Ruales -explica Juan José Rodríguez- responde a que su creación poética no ha sido tan difundida como su narrativa y a que su escritura mantiene relación con las escrituras actuales.

Una difusión y una relación de la poesía de Ruales, que no se ha dado con la de otros autores de su edad: Iván Carvajal, Javier Ponce, Alexis Naranjo, Iván Oñate, Fernando Nieto. Según Rodríguez, porque esa poesía ya ha sido juzgada, valorada y antologada. “Muchas antologías se cierran en ese momento histórico y otras toman a la muy joven poesía ecuatoriana”. Entonces, él y Mussó han pretendido tender el puente a las generaciones intermedias, generaciones que publicaron en la década de los 80. Otro parámetro fue que los poetas tengan por lo menos dos publicaciones de poesía, para configurara la idea de continuidad.

Aunque, esta muestra es precisamente una selección y no un inventario de poetas, el tema de los excluidos le es inherente. Sin restar el mérito de los incluidos, más de treinta autores contemporáneos no constan en la muestra. Sin embargo, el poeta César Carrión, (quien sí está en la muestra), señala que habría que pensar en la antología como una afirmación de la poesía ecuatoriana y no como una negación.Lo cuestionable es que los mismos compiladores sean compilados. Este es el caso de ‘Tempestad secreta’. Los nombres de Mussó y Rodríguez están en la portada y también en el índice. Tensión y cautela anteceden a la respuesta de Rodríguez cuando se le interroga sobre esto, dice que prefiere escapar de la falsa modestia y que la decisión fue mutua: Mussó antologa a Rodríguez y Rodríguez a Mussó.

Rodríguez se refiere a su compañero de proyecto y señala que una selección de poesía ecuatoriana sin Mussó quedaría con baches. Acaso la consideración también funciona a la inversa...

Que antes ya se ha hecho, es verdad. Jorge Enrique Adoum consta en sus selecciones, Iván Carvajal también está en la antología de poesía ecuatoriana que, junto a Raúl Pacheco, publicó con Alfaguara España, en el 2009. En el cuento hay otro tanto, con casos como el de Raúl Vallejo o Eugenia Viteri. Sí, antes ya se ha hecho, pero, suena un refrán: “mal de muchos...”.

Uno de los aciertos de este muestrario es el prólogo del uruguayo Eduardo Espina, poeta y crítico, investigador de la lírica hispanoamericana. Su ensayo ‘El sentido de una antología’ analiza el valor de estas publicaciones selectivas; menciona la escasa presencia de los poetas ecuatorianos en antologías internacionales; y, (lo mejor), traza tres líneas en las que inscribe las poéticas de los autores incluidos en ‘Tempestad secreta’. Es un discurso que toma en cuenta los contextos e introduce a las letras ecuatorianas en una dimensión universal. Las inquietudes del poeta y el plano formal de la poesía hacen el espacio donde Espina asienta sus argumentos.

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