23 de febrero de 2016 00:00

Cultura Natabuela vive en el pincel de Cualchi

En un rincón de su casa, en la parroquia Natabuela, Imbabura, está acondicionado su taller.

En un rincón de su casa, en la parroquia Natabuela, Imbabura, está acondicionado su taller. Foto: Francisco Espinoza/para El Comercio

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José Luis Rosales
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Los bailes de San Juan, las cosechas, los bordados… plasmados con plumilla se distinguen entre las últimas obras de Vicente Cualchi Ibadango.

Con orgullo muestra las cartulinas que guarda como un tesoro en un portafolio. Las paredes de su taller, ubicado en Natabuela, Imbabura, están cubiertas con óleos que retratan tradiciones de los kichwas de su pueblo.

Cualchi, quien siempre luce un traje indígena, ha dedicado la mayor parte de sus 58 años a narrar con un lenguaje plástico las costumbres de los natabuelas.

Angélica Tugumbango, estudiosa de la cultura Natabuela, explica que el artista siempre ha estado involucrado en la preservación de la cultura Kichwa del cantón Antonio Ante.

Una de sus obras, titulada Guagua Muerto, muestra el ritual funerario que incluye la elaboración de una mortaja con pétalos de rosas.

Resalta un ataúd vacío, mientras el cuerpo del niño fallecido es cargado a hombros sobre una silla decorada con banderas multicolores.

Detrás hay familiares y vecinos que bailan junto a una banda de músicos. “El ritual era un alboroto”, comenta Cualchi. El artista domina las técnicas: óleo, pirograbado, plumilla y acuarela. La última es su preferida, desde que estudió en el Instituto Daniel Reyes de San Antonio, en Ibarra.

Incluso le permitió ganar varios galardones. Uno de ellos fue el primer lugar en el X Concurso Nacional de Pintura, Acuarela, Témpera y Grabado, organizado por el Municipio de Quito, en 1984.

Por esos años, Cualchi labo­raba como dibujante de la Se­cretaría Nacional de Informa­ción Pública. Ahí conoció a va­rios presidentes del Ecuador.

No sabe exactamente cuántos cuadros ha pintado. Sin embargo, rememora que una vez una propietaria de una galería le propuso que presentara sus 60 mejores trabajos.

Con sus ahorros terminó las acuarelas y enmarcó las obras. Pero la exposición no se concretó. Es por ello que intentó vender su trabajo en el parque El Ejido, en Quito. Un aguacero dañó una parte de su obra.

Hoy alterna su pasión por la pintura con la docencia de arte en un colegio, mientras prepara su próxima exposición.

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