22 de noviembre de 2017 00:00

La cultura montuvia trota al lomo del caballo criollo

Los equinos se lucieron en la VI Cabalgata, organizada por la Prefectura del Guayas. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

Los equinos se lucieron en la VI Cabalgata, organizada por la Prefectura del Guayas. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

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Elena Paucar
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Azabache es tan coqueto como Wilmer Mera, el bravo jinete que intentó domarlo. Relinchaba y agitaba su crin oscura, intentando sacarse a su dueño de encima. “¡Quieto, quieto!”, le ordenó Mera, un montuvio de bigote tan negro como el pelaje de su amigo. “Es que está alborotado por ver tantas yeguas”, explicó en tono galán, agarrando bien las riendas.

Hay quienes dicen que el caballo y el jinete son uno solo; y no se equivocan. Los equinos son más que un simple transporte para atravesar las agrestes tierras del agro costeño. Son los compañeros de vida del montuvio y hasta tienen características en común.

El sábado 18 de noviembre de 2017, más de 4 000 caballistas del Litoral viajaron hasta el cantón Milagro para participar en la VI Cabalgata de Integración Montuvia, organizada por la Dirección de Turismo de la Prefectura del Guayas.

En medio de los cañaverales de la turística Ruta del Azúcar improvisaron un establo. Frente a las chimeneas humeantes del ingenio Valdez se estacionaron los camiones cargados con caballos criollos de Yaguachi, Jujan, Salitre, Isidro Ayora, Naranjal y Daule, en Guayas; y también de otras provincias como Los Ríos y Manabí.
Antes de agitar su cola marrón por las calles de Milagro, Ventarrón mostró su lado dócil solo para que William Bajaña, su acompañante por años, le pusiera todos los aderezos: bozal, petral, baticola, los estribos y las riendas de cuero.

“Le puse así porque es revoltoso y vanidoso”, bromeó Bajaña. “Menos mal no se llama Terremoto”, reaccionó otro jinete de su natal Baba, en Los Ríos. “¡Ni Dios quiera!”, le contestó.

La picardía da chispa a la vida del montuvio. Hace que el jornal en el campo sea llevadera.

A Luis Bohórquez lo ‘vacilaron’ por llegar al desfile ecuestre más grande del país en moto. “Ha traído la yegua de acero”, le decían en tono de burla.

Para el prefecto del Guayas, Jimmy Jairala, ni las motos ni las bicicletas podrán reemplazar al caballo. “El caballo y el hombre del campo son indivisibles”, dijo antes de encabezar el recorrido junto a Nevado, su compañero por 12 años.

Por ese vínculo, el Gobierno Provincial ha hecho esfuerzos para dar realce a la sabiduría montuvia. En siete meses Guayas logrará que el rodeo sea patrimonio cultural intangible y pedirán un reconocimiento similar para las cabalgatas.

La tradición caballista galopa por la sangre de las nuevas generaciones. Los pies de Jennifer Valero ni siquiera alcanzan los estribos y apenas puede pronunciar el nombre de la yegua que le regaló su padre: Cleopatra. Pero la niña de solo 6 años demostró ser una verdadera amazona montuvia.

Casi al mediodía, el repique de los cascos se hizo sentir a lo largo de 5,5 kilómetros de asfalto, en una ruta que atravesó el área céntrica de Milagro. “Todos los años venimos por el gusto de los caballos -dijo Mera, el amigo de Azabache-. Estos animalitos son nobles, fieles, cariñosos”, contó el centauro mientras acariciaba el lomo de su compañero de trote.

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