26 de julio de 2014 00:00

La pasarela urbana luce ropa tejida

Hilandesa, ropa de tejido. Foto: Cortesía Paúl Sánchez de Hilandesa

Hilandesa, ropa de tejido. Fotos: Cortesía Paúl Sánchez de Hilandesa

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Mariuxi Lituma. Redactora (I) mariuxil@elcomercio.com

El vestido tejido de tonalidad gris, diseño de María Toral, tiene, además, tres usos; se lo puede utilizar como capa, bufanda y gorra. Esta prenda se exhibe en el local Artesanías del Sur, en el Centro Histórico de Cuenca.

Según Toral, el tejido se impone en la moda porque existen hilos para prendas calientes y otros para ropa ligera. Otro de los factores para que el tejido guste a los cuencanos y extranjeros es la variedad de tonalidades, texturas y diseños de las fibras.

Al recorrer las calles de la capital azuaya, niños, jóvenes y adultos visten prendas tejidas. También se las usan en actos sociales, cocteles o fiestas.

Toral aprendió el arte de tejer en un convento de la parroquia Ludo, en Sígsig. Allí, unas estadounidenses le enseñaron a elaborar suéteres y gorras. En la actualidad, ella crea una variedad de modelos.

No se basa en catálogos ni en Internet, sino en su propia invención y en la combinación de varios estilos de puntadas. Entre sus creaciones tiene minivestidos, boleros, chalecos, cárdigan (saco sin botones), polainas, boinas, faldas, sacos, bufandas, gorras... Los precios varían entre
USD 15 y USD 300, dependiendo del trabajo y calidad.

En esta temporada de vacaciones, la modista también diseña ternos de baños tejidos para niñas y adultas. Toral dice que para estas últimas prendas el hilo debe ser de buena calidad (algodón o seda).

Por su parte, la familia de Paúl Sánchez teje desde 1985. Sus padres abrieron en la calle Padre Aguirre, el local comercial Hilandesa, donde se venden hilos, se enseña a tejer y se confecciona una gama amplia de prendas. Sánchez es diseñador de modas y asegura que el hilo es un material noble, que permite crear desde un vestido de fiesta con hilo de seda y cintas, hasta chambras de bebé, abrigos, capuchas, cuellos, bisuterías, cintillos y otras prendas. Los cursos duran ocho días y cuestan USD 20, sin el material.

En su almacén, Sánchez tiene diseños clásicos y modernos, para los gustos variados de jóvenes que buscan estar a la moda con colores llamativos; mientras que la mujer adulta desea verse sobria. También crea prendas que tienen usos distintos, pueden ser bolsos, gorras y faldas. Ahora prepara una colección que comercializará en Colombia y Suiza.

Los diseños con flores y figuras geométricas son otras alternativas. De esto se encarga María Peña, quien, desde hace más de 20 años, elabora prendas para niñas y adultas. Ella crea conjuntos de gorras, abrigos, capas y vestidos.

Prefiere trabajar en verde, fucsia, lacre y azul eléctrico, porque está convencida que estos tonos rejuvenecen a la persona y dan un toque de coquetería. Los flecos también son parte de sus diseños; los coloca en los filos de las mangas, de la cintura o en los contornos del cuello.

Otra de las creadoras es Daniela Miranda, propietaria de la marca Lunática, que ofrece sus prendas tejidas en los locales de Cugallery. Ella confecciona bufandas grandes que cuelgan sobre todo el pecho pero que también pueden adaptar su uso para lucirlas de otra manera, según la ocasión. Miranda hace cuatro años se dedica a la confección de estas prendas, cuyo proceso lo realiza en telares.

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