18 de agosto de 2014 23:37

Cuenca no pierde su vena religiosa en el arte

Los visitantes de la Casa Museo La Condamine acuden al sitio expresamente para ver arte religioso de varias épocas.
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Mariuxi Lituma. Redactora
(I) mariuxil@elcomercio.com

El escudo de Cuenca luce en su diseño unas cadenas que representan la fe que sostiene a la población de la capital azuaya. Además, este símbolo patrio lleva una leyenda decidora: “Primero Dios y después vos”. Muestra rotunda de la religiosidad de sus habitantes.

Esa característica de los cuencanos se manifiesta en otros ámbitos también, como el artístico. Sus calles, por ejemplo, están pobladas por decenas de locales y museos que exponen arte religioso.

Según el historiador y cronista Juan Cordero Íñiguez, desde la época aborigen la fe estaba arraigada en esta ciudad, pero se fue incrementando a partir de la llegada de los españoles.

También asegura que en Cuenca se difundió y consolidó el arte religioso, porque contó con destacados maestros como Gaspar Sangurima, José Vélez, Daniel Alvarado, entre otros.

En el Centro Histórico de la capital azuaya hay varios museos y locales donde se pueden encontrar también obras de los maestros de la Escuela Quiteña. Una de ellas en la Casa Museo Condamine, ubicada en el sector de El Vado.

Este espacio es de propiedad de Manuel Vallejo, quien desde hace aproximadamente 30 años se dedica a coleccionar arte religioso. El año pasado abrió la Casa Museo La Condamine, en la que se exhiben Cristos, Vírgenes, cruces, retablos, etc., que tienen por lo menos de 100 años de antigüedad.

El objetivo de Vallejo es que la ciudadanía conozca el legado que existe en arte sacro en la urbe. También en su espacio tiene piezas de arte popular religioso contemporáneo de maestros cuencanos como Julio Jimbo y su hijo Jaime. Ambos se especializan en óleos, Niños, santos, Cristos y Vírgenes. Sus precios varían de acuerdo con el tamaño de la pieza, pero el promedio es de USD 600.

Otra de las intersecciones donde se ofrece arte religioso es la de las calles Juan Jaramillo y Presidente Córdova, en el mismo Centro Histórico. Allí hay una serie de locales de antigüedades y museos.

Uno de ellos es el Museo de la Identidad Cañari, de Fernando García, que el 2001 abrió las puertas de este espacio cultural, que además exhibe piezas de la Escuela Quiteña.

Para García es importante recordar que la capital azuaya es una ciudad de artesanos, orfebres, ceramistas, joyeros y escultores. Este conocimiento artístico ha ayudado a preservar el arte sacro. 

Este coleccionista también destaca que el arte religioso se asentó en Cuenca porque Gaspar Sangurima se encargó de formar a 30 jóvenes en bellas artes. Así se consolidó el arte sacro, dice García.

Entre los Cristos que reposan en el museo de la Identidad Cañari, se destaca el trabajo de Sangurima por fusionar la obra de José Olmos (Pampite) y Manuel Chili (Caspicara). El primero imprime a sus obras rasgos asiáticos y el segundo se caracteriza por un arte sangriento, dramático.

Otros artistas de Cuenca cuyo arte religioso se destaca son: Daniel Salvador Alvarado y Manuel Ayabaca. Buena parte de sus obras está distribuida en las iglesias de la ciudad.

En las dos plantas del Museo de la Identidad Cañari también se exhiben objetos religiosos del siglo XVIII y XIX; además de una serie de retablos y piezas de arte popular; estas últimas pueden costar USD 1 200.

Otro sitio que cuenta con una reserva importante de arte religioso es el Museo de las Conceptas. Allí se conservan juguetes de las religiosas del monasterio, Vírgenes, ángeles, óleos, nacimientos, retablos, Niños, que se caracterizan por ser obras únicas.

El Museo de la Catedral Vieja guarda obras de Sangurima, Alvarado, Vélez y otros artistas. Y dentro de su colección de arte sacro se cuenta un púlpito de madera de estilo barroco, los retablos menores de Santa Marianita y la Virgen de los Imposibles y algunos óleos.

Sin embargo, no solo la historia tiene cabida en esta oferta. En Cuenca se sigue produciendo arte religioso. Una muestra de ello son los talleres de escultores como los de Virgilio Quinde y Miguel Ángel Plaza.

Quinde, de 91 años, todavía esculpe santos y hace trabajos de restauración. Él tiene su taller en el barrio Carlos Crespi, en el noreste de Cuenca. Mientras que Plaza, de 79 años, religiosamente llega cada día a trabajar en su taller de la Calle Larga, Centro de Cuenca, para dar forma a imágenes sacras.
Para Moreno es importante que las autoridades se preocupen por preservar esta línea artística y valorar el trabajo de los maestros.

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