24 de mayo de 2014 19:23

Turistas viajan a Cuba para beber el famoso cóctel de Ernest Hemingway

Ernest Hemingway. Foto: Archivo
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ANSA
Cuba

El Floridita, un restaurante-bar en La Habana con una estatua de Ernest Hemingway en su barra que invita a tomar el cóctel Daiquiri, preferido del escritor, atrajo en 2013 a 100 000 clientes, cerca ya de cumplir 200 años.

El legendario estadounidense gustaba del Floridita, y ese es un atractivo fundamental para el establecimiento del área de la capital cubana conocida como La Habana vieja.

Un cóctel tropical, o “trago” como prefieren llamarlo los cubanos, el Daiquiri, también se hizo de gran fama porque, se dice, Hemingway inventó un “jingle” o mensaje comercial personal: “Mi daiquiri en el Floridita, mi mojito en la Bodeguita del Medio” .

El bar y restaurante hace esquina y es el inicio en esta ciudad de una calle solo para peatones. Siempre está lleno de clientes. Sus administradores subrayan que en la “temporada alta” del turismo en Cuba, que suele ser cuando en el hemisferio occidental es invierno, recibe 300 clientes diarios.

La barra ofrece todo tipo de “tragos” , apoyada por una estatua del autor de “Fiesta” que parece disfrutar uno de ellos, indiferente al entorno.

El Daiquiri, sin embargo, es el “campeón” sin rival porque es sumamente fresco. Se prepara con una medida de ron, una cucharada de azúcar, el zumo de media lima, hielo picado, casi pulverizado, y debe beberse en una copa de champagne.

Hemingway era un libertino y un vividor” , comentó Ofelia, una muy joven española de vacaciones en este archipiélago. “Por eso me gusta tanto” , aseguró. Dijo que el daiquiri es “sensacional porque una puede tomarse dos o tres y no perder el control”.

El Floridita fue fundado en 1817, pero los historiadores y expertos en estos tipos de establecimientos en Cuba dicen que consiguió su actual auge después que Hemingway decidió radicarse en La Habana allá por 1928 y visitarlo muy frecuentemente.

Andrés Arencibia Mohar, gerente general del bar-restaurante, dijo a la prensa local que el escritor “marcó una impronta pues aquí se reencontraba con sus amigos, leía la prensa, se preparaba sus propios cócteles y vivía su espacio, y eso es lo que vienen buscando los clientes hoy, pues quieren saber dónde se sentaba, qué tomaba y qué comía el premio Nobel de Literatura” .

Según datos disponibles en 2013 el lugar ingresó 1 306 000 CUC, una moneda cubana de valor en divisa casi a la par con el dólar, que circula junto al peso nacional y que compra un cuc con 24 de sus unidades.

El Floridita recibió ese año a más de 100 000 visitantes.
Hemingway es una personalidad que une a las culturas de Estados Unidos y Cuba. Ese vínculo lo hace, además, una figura política bilateral de relieve a causa del interminable conflicto entre los dos países.

Fue propietario de una finca hoy museo en las afueras de La Habana, Vigía, donde residió hasta que regresó a Estados Unidos en 1960. Ese es también un indudable atractivo turístico.

En La Habana se rinde culto a la Finca Vigía, al Floridita, a la Bodeguita del Medio, al hotel Ambos Mundos e incluso al Mar Caribe con sus isletas, además de por sus calidades y belleza, porque Hemingway las amó.

Por su parte, el Floridita, que cumplirá pronto 200 años de fundado, acapara gran parte de ese atractivo y ya es una marca internacional con franquicias en Inglaterra y Austria.

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