16 de septiembre de 2014 15:59

Revelan los secretos del cuadro Impresión, sol naciente de Monet

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EFE

El cuadro de Monet que en 1874 dio su nombre al impresionismo: Impresión, sol naciente (Impression, soleil levant), revela ahora todos los secretos de su génesis, del desprecio inicial que conoció y de la singular trayectoria por la que tardó más de medio siglo en convertirse en un hito de la historia del arte.

La cuestión ocupa a partir de este jueves la nueva exposición estelar del Museo Marmottan Monet de París, que reúne 80 obras maestras y numerosos documentos relacionados con esa obra clave de Monet, cuyo título utilizó un crítico satírico de la época para definir con desprecio a esos 'impresionistas'.

Hasta el enero de 2015, pueden contemplarse 25 telas de Claude Monet (1840-1926) y 55 de artistas que inspiraron en particular sus marinas y paisajes como Delacroix, Courbet, Boudin, Jongking y Turner; así como coetáneos suyos como Morisot, Renoir, Pissarro o Sisley.

Las piezas proceden del propio museo y de otras grandes pinacotecas y colecciones privadas del mundo, como la National Gallery de Londres, el Museo de Filadelfia (EE.UU.) o la colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen, de donde provienen tres óleos.

Regentado por el Instituto de Francia y heredero vía la Academia de Bellas Artes de valiosas colecciones impresionistas, el museo parisino es el primer fondo mundial de la obra de Monet, y con esta exhibición continua las celebraciones del 80 aniversario de su existencia. Conmemora, asimismo, el 140 aniversario de la primera exposición al público de 'L'Impression', como le bautizó su autor en 1874, cuando lo incluyó en la primera muestra de los futuros impresionistas, reunidos entonces en la recién fundada Sociedad anónima de artistas, pintores, escultores y grabadores.

El título del cuadro, que ya en el catálogo de 1874 figuraba como Impression, soleil levant (Impresión, sol naciente), es uno de los elementos dilucidados, junto con su iconografía y la búsqueda del lugar y la fecha exactos de su creación. Gracias a las investigaciones iconográficas, meteorológicas, topográficas, hidrográficas y astronómicas realizadas con la ayuda entre otros científicos del astrofísico de la Universidad de Texas Donald Olson, del lugar donde fue pintado no queda duda.

Fue en el antepuerto normando de Le Havre, que Monet veía desde la habitación de su hotel en esa ciudad del noroeste francés. Del momento del día en que pudo ser pintado prácticamente tampoco: fue durante la marea alta, poco después de la salida del sol, a las 07h35, según la hipótesis más probable.

Con escaso margen de error y un zócalo científico apabullante, los expertos concluyeron igualmente que fue pintado casi con toda seguridad el 13 de noviembre de 1872, el mismo año con el que Monet acompañó su firma, pero que un especialista, décadas después, retrasó en un año, al no poder comprobar su estancia en Le Havre en el 72 pero sí en Normandía al año siguiente.

El cuadro, en su día unánimemente criticado, cayó pronto en el olvido, tras ser comprado por 800 francos por el audaz coleccionista Ernest Hoschedé, y en 1878 por 250 francos por el doctor homeópata rumano Georges de Bellio, coleccionista, amigo de Monet y de muchos impresionistas.

En cambio, el calificativo peyorativo atribuido gracias a él prendió de inmediato entre el público, la crítica y los propios 'impresionistas', según recordaron en una entrevista con EFE los comisarios de la exhibición, Marianne Mathieu y Dominique Lobstein.

El cuadro fue donado al Marmottan en 1940, en vísperas de la II Guerra Mundial, por la hija del doctor de Bellio, Victorine, y su esposo, junto con otras obras, entre ellas las tres telas más famosas entonces de Monet. Sin haber llegado a ocupar un puesto principal durante las primeras décadas del siglo pasado, salvo en contadas excepciones, Impresión, sol naciente pasó a convertirse repentinamente a mediados del siglo XX en uno de los cuadros más célebres del mundo y en el más emblemático del Museo Marmottan.

Los comisarios subrayaron que este cambio vertiginoso no habría sido posible sin el cuidado con el que fue conservado durante décadas, pero hubo que esperar la consolidación absoluta del impresionismo como un movimiento principal de la historia del arte, y los estudios muy precisos que grandes historiadores del arte le dedicaron.

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