20 de noviembre de 2017 13:26

La crisis económica detonó el cierre de El Pobre Diablo

El Pobre Diablo también se convirtió en sinónimo de buen jazz. Foto: archivo EL COMERCIO

El Pobre Diablo también se convirtió en sinónimo de buen jazz. Foto: archivo EL COMERCIO

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Gabriel Flores

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Hace un año, El Pobre Diablo celebraba un cuarto de siglo con una exposición, en el Centro de Arte Contemporáneo, en la que se exhibieron 25 murales, de gran formato, que fueron utilizados para promocionar las presentaciones de artistas y músicos. El mural más antiguo de esta muestra tenía como soporte un gran cartón corrugado que fue realizado 'in situ' con pinturas acrílicas y óleo, por Marcelo Aguirre, Ramiro Jácome, Luigi Stornaiolo y Hernán Cueva.

Ayer, (19 de noviembre del 2017), se dio a conocer, a través de redes sociales, el cierre de este espacio dedicado a la bohemia y al fomento del arte y la cultura, que funcionaba en una antigua fábrica de café ubicada en la esquina de la Isabel La Católica y Galavis, en el barrio La Floresta.

Paco Salazar, uno de los socios de El Pobre Diablo, confirmó a este Diario el cierre del lugar y explicó que una de las razones responde a que “durante los últimos 3 años han tenido una situación muy complicada en términos de ventas”. Salazar agregó que la Galería El Container permanecerá abierta durante un tiempo, porque dentro de la programación planificada está pendiente la inauguración de dos muestras.

Imagen del 2007. Presentación de Don Naza y el Grupo Bambuco en el Pobre Diablo. Foto: archivo EL COMERCIO

Imagen del 2007. Presentación de Don Naza y el Grupo Bambuco en el Pobre Diablo. Foto: archivo EL COMERCIO

Como parte de la celebración de sus ‘bodas de plata’, el año pasado también se presentó el libro-objeto ¡Verde, pintón y maduro’, una publicación que reúne memorias personales y una galería de fotografías de los personajes y artistas que pasaron por este espacio. En esta publicación trabajaron Pepe Avilés -el otro socio de El Pobre Diablo-, Juan Lorenzo Barragán y Rafael Barriga.

“El Pobre Diablo era más que un bar, un restaurante, un club de jazz o una galería de arte contemporáneo. Creo que era un punto de encuentro y de diálogo para mucha gente. Un lugar que fomentó el patrimonio emocional de los ecuatorianos y de los quiteños en particular”, sostiene Barriga.

Imagen del 2010. Exposición Casa de las muñecas en el Pobre Diablo. Foto: archivo EL COMERCIO

Imagen del 2010. Exposición Casa de las muñecas en el Pobre Diablo. Foto: archivo EL COMERCIO

Por ‘El Pobre’, la forma coloquial en la que se referían los quiteños a este espacio, han pasado artistas y músicos de distintas generaciones como Lucía Chiriboga, Diego Cifuentes, Ana Fernández, La Suerte, Grecia Albán, Papá Roncón Hugo Hidrovo, Álex Alvear o Héctor Napolitano (Promesas Temporales), entre muchísimos más.

A lo largo de estos 27 años, que se cumplieron en octubre pasado, este lugar también se convirtió en sinónimo de buen jazz. Uno de sus proyectos emblemáticos fue Fábrica Jazz. Gracias a esta iniciativa, decenas de estudiantes tuvieron la oportunidad de enfrentarse por primera vez al público quiteño. Barriga sostiene que este espacio generó aportes a la cultura musical ecuatoriana como ningún otro.

A criterio de Mariana Andrade, dueña del OchoyMedio, este cierre es una pérdida grande para la ciudad porque ‘El Pobre’ era un territorio ganado para el arte. “Cuando abrimos el OchoyMedio, hace 17 años, había proyectos íconos de la movida cultural entre ellos estaba el Seseribó, LibriMundi, el Café Libro y claro, El Pobre Diablo.

A manera de crítica, Andrade sostiene que a este espacio le faltó cambiar de época. “Su público envejeció -dice- y lo fue abandonando. Ese abandono es lo que más me duele porque los mismos usuarios que hoy se quejan en redes son los que no lo han acompañado”.

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