14 de enero de 2016 00:00

La cosmovisión se refleja en la cabellera del otavaleño

El cuidado y peinado del cabello es una práctica que reúne y fomenta la relación entre la familia.

El cuidado y peinado del cabello es una práctica que reúne y fomenta la relación entre la familia. Foto: Archivo

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Ana Cristina Alvarado
Redactora 
aalvarado@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

En Nueva York, España o Tokio es fácil reconocer a un otavaleño así no lleve el vestuario tradicional. El cabello sujetado en una cola, en una trenza o envuelto en una cinta de colores es su carta de presentación.

César Cotacachi, consultor independiente, y Fabiola Cachiguango, gestora cultural, coinciden en que esta característica es el mayor rasgo identitario de los indígenas de esta etnia.

Explican que el cabello largo -por el que son reconocidos dentro y fuera del Ecuador- se debe a su cosmovisión. Por un lado, este se relaciona con los rayos del sol, un símbolo importante en la cultura ancestral por ser un generador de vida. Mientras más largo, se sobreentiende que el portador tiene una buena comunicación con su espacio geográfico.

Por otra parte, el cabello largo se entiende como el compromiso con la historia del pueblo. Se lo compara con las raíces fuertes y profundas de árboles considerados sagrados, como el pumamaqui o el laurel de cera.

Cotacachi indica que algunas de las creencias actuales son el resultado del mestizaje que existió a raíz de la colonización. Por ejemplo, cita al personaje bíblico Sansón, quien obtenía su fuerza del largo de su cabellera.

El cabello sujetado en una sola hebra es una costumbre moderna. En el pasado, hombres y mujeres se tejían más de una trenza.

Los diferentes modelos -ya sea con dos tranzas a los lados, con una tejida desde la parte frontal de la cabeza u otros- servían para identificar a la comunidad a la que pertenecía cada otavaleño.

Sin embargo, por razones prácticas y moda, se popularizó la cola o la trenza tejida desde la nuca. Cotacachi recuerda que fue el grupo de música Charijayac el que impuso esta moda.

También se acostumbraba a que mamás o hermanas tejieran el cabello de las mujeres, mientras que mamás o padres hacían lo mismo con los hombres.

A través de esta práctica se fomentaban las relaciones familiares. Al ser algo tan íntimo y con tanto significado espiritual, no cualquiera puede tocar el cabello de otras

personas. Las energías nega­tivas o positivas, indica Ca­chiguango, afectan a la salud del cabello. El cuidado natural tuvo mucha fuerza hasta el siglo pasado. Ahora, con la masificación de productos de aseo personal, se han abandonado ciertas prácticas.

Lavarse el cabello con esencias de plantas naturales o con un extracto de penco eran algunas de las formas de mantener el cabello limpio, fuerte y libre de enfermedades.

Por estas razones, el Cabildo otavaleño emitió una ley que exige a los menores de edad presentar una autorización firmada por los padres para cortarse el cabello, pues cada vez eran más quienes optaban por cortes bajos.

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