2 de June de 2015 20:34

Dos coreografías relatan la tradición de Chimborazo

El Ballet Folclórico Internacional Chimborazo es uno de los promotores de la tradición. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO.

El Ballet Folclórico Internacional Chimborazo es uno de los promotores de la tradición. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO.

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Cristina Márquez
Redactora (F - Contenido Intercultural)
cmarquez@elcomercio.com

Cuando los bailarines de dos agrupaciones de danza tradicional de Riobamba salen al escenario, las costumbres de las comunidades indígenas de Chimborazo se vuelven obras de arte. Ellos investigaron sobre la cacería de la venada y el ritual de la minga comunitaria para poner en escena esas prácticas ancestrales.

“Investigar no fue una tarea fácil”, explica Francisco Luna, director del Ballet Chimborazo. Luna fue a las comunidades más altas del páramo, como Ozogoche y Atillo, para conocer a la gente y mirar cómo se preparan para la cacería de venados. Ese ritual desapareció a la par que lo hicieron los venados que habitaban en los bosques nativos. Solo los ancianos conocen los detalles.

La idea del director fue recrear con detalles la historia de la cacería, para que así las nuevas generaciones pudieran conocer de ese ritual andino a través de la danza. La investigación y el diseño de la coreografía le tomaron cerca de cuatro meses. Su baile empieza con el sonido de una bocina. María José Luna, quien viste un traje hecho con la cabeza y la piel de una venada, es la protagonista de la historia.

En la fiesta de la comunidad, los cazadores regresaban con las presas y las mujeres preparaban comida, mientras sonaban los sanjuanitos más alegres. La cacería de la venada era todo un acontecimiento. Los abuelos cuentan que toda la gente participaba y que las fiestas duraban varios días.

Tras bastidores, las bailarinas son minuciosas con cada detalle de sus atuendos, cada una utiliza un camisón bordado, un anaco, una changalla (delantal), tres fachalinas y una variedad de coloridos accesorios. Ese es el atuendo originario de las mujeres indígenas de Ozogoche y Atillo.

En los camerinos del Ballet Folclórico Pucaicha ocurre algo similar. Los 30 jóvenes que son parte de la agrupación no solo son ágiles bailarines, sino que también conocen la cosmovisión andina, y la aplican al momento de crear sus coreografías.

Ellos recrearon una de las costumbres más icónicas de la cultura indígena: el trabajo en minga. A la coreografía la denominaron ‘Comuneros de Chimborazo’. “Los comuneros de la provincia se caracterizan por el trabajo en equipo. Además, alrededor de la minga confluyen otras costumbres, por eso nos interesamos en estudiarla y convertirla en danza”, afirma Fernando Hidalgo, director de la agrupación- .

Según él, la minga es una combinación del trabajo y la fiesta. En la representación se muestra cómo trabaja la gente, con pala y azadón, cómo se enamoran en esa faena. “Contar historias de la cultura indígena a través de la danza, es una forma de salvaguardar las costumbres de nuestra identidad. Por eso optamos por la investigación de las tradiciones locales”, cuenta Hidalgo.

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