Ricardo Mórtola impuso su sello en grandes estadios

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Víctor Vizuete E. Editor

Para Luis Valero, arquitecto con quien puso a punto las ampliaciones del George Capwell, estadio del Club Sport Emelec, era como un álter ego.

"Ricardo era como mi hermano mayor; un ser humano muy solidario y competente. Fuimos socios por más de 20 años y siempre nos llevamos bien, tanto socialmente como en el lado profesional".

Valero se refiere, lógicamente, a Ricardo Mórtola; su colega y amigo que falleció el martes tras someterse a una operación de pólipos (especie de tumores) que tenía en el duodeno.

Este prestigioso profesional guayaquileño de 63 años sentó escuela en la arquitectura deportiva del país gracias a sus sólidas, lógicas y vanguardistas (para el medio) edificaciones de estadios y otros escenarios deportivos de gran formato.

Aunque el prestigio le llegó atado a la construcción y remodelación de los estadios de los clubes de fútbol Barcelona, Liga Deportiva Universitaria, Emelec y de la Federación Deportiva de Manabí (Reales Tamarindos de Portoviejo), Mórtola también puso a punto escenarios como el estadio de béisbol Yeyo Uraga (1986); el polideportivo Huancavilca (1987), los coliseos cubiertos de la Universidad Agraria del Ecuador (1998) y de los diarios Expreso y Extra (1995).

En este mismo rango, también recuperó el complejo deportivo administrativo para la Federación Deportiva Nacional del Ecuador, ahora sede de la Federación Ecuatoriana de Fútbol en Guayaquil (1987).

Pero la impronta profesional de Mórtola no solo se limita a este tipo de arquitectura; su campo de acción fue mucho más amplio y se extendió a segmentos como la inmobiliaria y la regeneración urbana.

Según Víctor Hugo Sicouret, exministro de Vivienda y amigo de toda la vida, Mórtola puso cimientos a proyectos tan emblemáticos como las urbanizaciones Kennedy Norte, La Garzota y otras de ese corte.

Fue un entrañable amigo y extraordinario profesional. Totalmente abnegado. No solo a su familia sino a cada una de sus obras, a las que cuidaba con celo y seguía todo su proceso constructivo, aunque fuera solo el proyectista, recalca Sicouret.

Todos estos valores son refrendados por Edwin Ripalda, ingeniero quiteño con quien trabajó en la ejecución de la Casa Blanca, el estadio de LDU emplazado en Ponciano y que, en su tiempo, fue considerado como uno de los más vanguardistas de Sudamérica.

Según Ripalda, este arquitecto que empezó como ayudante de obra en la Constructora Diminich antes de graduarse, se caracterizaba por su gran capacidad de inventiva y por el manejo eficiente de grandes volúmenes, como es el caso de los estadio citados.

En el de Liga, por ejemplo, todo habla de alta tecnología, empezando por la implantación. El lote original, de 3,5 ha, estaba rodeado por dos quebradas profundas: al oriente la de Ponciano y al occidente la de El Colegio. Mediante dos colectores y un gran relleno de hasta 25 metros de profundidad, se incrementó el área útil del terreno a 7,5 ha.

También tuvo especial predisposición para el urbanismo. Fue director de Planificación Urbana del Municipio porteño en 1979. Uno de sus grandes proyectos por concluir: la zona 1 del parque Los Samanes que es, también, de gran escala.

Christian Wiesse, proyectista del posible estadio del club El Nacional, dice que el legado arquitectónico de Mórtola se extiende a través del tiempo. "A mi entender, marca la generación de una nueva escala de proyectos en el país que se adentran en el futuro, asociándose con grandes sistemas organizativos e importantes espacios públicos, los que han completado la infraestructura civil de nuestras ciudades".

La morfología de sus estadios implica un gran manejo de la economía constructiva, los grandes volúmenes de hormigones y una particular funcionalidad para los requerimientos del medio, explica Wiesse.

"La posición de las suites dentro de estos escenarios deportivos generó una tipología singular y original de un perímetro vertical alrededor de los graderíos: un signo inconfundible de la arquitectura de Ricardo Mórtola".

"La isóptica en un estadio debe ser perfecta. La línea visual tiene que ser continua y libre".

Ricardo Mórtola Arquitecto y urbanista

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