23 de November de 2012 16:37

La realidad y el delirio

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El jueves pasado, Milagros Aguirre escribió en su editorial ‘Delirios’, de los megapuentes, megaescuelas y más megas que atormentan al país y distorsionan la realidad, haciéndonos creer que ya somos ‘grandes’.

También evoca, con nostalgia, las antiguas y bellas casas de adobe y teja de la Serranía o las coquetas casitas de barro redondas del Chota. Viviendas que han sido reemplazadas por cajones de bloque y hormigón o inmuebles inconclusos.

Los argumentos de Milagros ponen el dedo en la llaga, pero no la tapan toda. Y aunque son ciertos; solo topan los efectos de la problemática y uno que otra causa, como los delirios de grandeza que nos caracteriza.

Pero hay otras aristas que no se ven. ¿Por qué se levantan tantas casas tipo cubos de bloques y en los sitios más inaccesibles?

Pues, simplemente, porque el suelo residencial está en pocas manos y estas ponen el precio que quieren que, casi siempre, cuesta un ojo de la cara.

Además, el poder adquisitivo de quienes levantan esas escuálidas estructuras solo alcanza para eso: casitas de 36 ó 48 m² arrimadas a las laderas o en lo más alto de las lomas, con el riesgo que eso conlleva.

Y son construcciones que quedan con las varillas salidas para ver si se completa la casa poco a poco, con el decimotercer sueldo, las utilidades o alguna chaucha...

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