Qmandá, un concepto de servicio comunitario

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Víctor Vizuete E. Editor

Convertir un antiguo, deteriorado y disfuncional edificio público en un contemporáneo reducto para la recreación, el deporte y el bienestar social es una de las tareas arquitectónicas más difíciles de lograr.

No obstante, eso fue lo que lograron varias entidades municipales con la transformación de la obsoleta terminal de transporte interprovincial de Quito en un parque urbano de primera línea: Qmandá.

Qmanda es un producto del esfuerzo conjunto del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), Parques y Jardines, Fundación Museos de la Ciudad, la Dirección de Deportes, la Secretaría de Salud y la Administración General, La transmutación arquitectónica y de ingeniería estuvo a cargo del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP). 24 técnicos y cerca de 800 trabajadores trabajaron en la tarea durante, aproximadamente, un año. Antes ya se había concluido el puente peatonal de hormigón postensado (los cables de acero se tensan después de colocadas las piezas de hormigón) que es uno de los remates arquitectónicos del lugar, explica el Ing. Francisco Troya.

Dicho puente tiene 250 metros de extensión divididos en dos ramales (150 m el uno y 100 el otro) y fue levantado con un objetivo específico: unir de la forma más ágil dos tradicionales barrios del Quito de siempre: La Loma y San Sebastián.

Claro, también es uno de los nexos entre los diferentes escenarios del nuevo parque. Otros son los ingresos por los extremos este y oeste y un ascensor que se emplaza en la zona media del complejo. También existe una gran rampa de acceso para personas con capacidades limitadas.

El argumento de diseño para la ubicación de los ingresos en esa dirección, explica Karina Núñez, arquitecta del IMP, fue la de lograr una circulación continua desde La Ronda hasta el Machángara, como era el trazado de la originaria quebrada de Jerusalén, que originalmente nacía en San Roque y desembocaba en el río quiteño.

Otro de los elementos que caracterizan la nueva edificación son las cubiertas, tanto del edificio principal como de las canchas de indorfútbol y ecuavoley. Estas son elaboradas con una tensomembrana resistente a los agentes climáticos y a los bruscos cambios climáticos quiteños, según Núñez. Y permiten óptimas iluminación y ventilación naturales. La del bloque principal mide 150 metros de longitud.

Para lograr la nueva configuración se tuvieron que derrocar varios elementos de la antigua edificación, como los quioscos y reforzar los elementos estructurales que estaban deteriorados. Por eso, asimismo, las nuevas fachadas son de vidrio y metal.

¿Los acabados? Acorde con las nuevas funciones. Hay porcelanatos, pisos de microcemento, flotantes (en zonas como bailoterapias), de caucho resistente a los golpes de pesas y otros aparatos (en los gimnasios).

La dotación de servicios, explica Núñez, es completa. Hay sistemas de voz y datos, contraincendios, audio ambiental, alarmas, de iluminación periférica, perimetral e interior; todas son luces LED.

El complejo de 17 000 m² de área construida está dividido en dos plantas y una terraza panorámica, fundamentalmente. La superficie total del nuevo parque urbano es de 40 000 m² distribuidos en: plazas exteriores, un ágora verde, muro de escalada, ciclovía, vía para caminata y trote, taludes ajardinados y con murales, siete piscinas con diversas funciones, canchas de indorfútbol, ecuavóley ; juegos tradicionales como la rayuela, los columpios y el sube y baja; baños de cajón, gimnasio y salas para ajedrez y tenis de mesa… La distribución se completa con un auditorio, una cafetería y algunos locales comerciales.

La inversión, entre el período comprendido entre el 2010 y 2013 es de USD 16 805 279.

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