Unos muebles de alta gama que aprovechan la madera reciclada

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Redacción Construir

La prospección fue intensa, larga y meticulosa. Durante dos años y medio, los cuatro miembros del taller buscaron sin cesar en todos los aserraderos de la provincia de Pichincha.

¿El objetivo? Encontrar las maderas finas que estos lugares tienen arrumadas para tener una reserva sólida que les permita trabajar sin pausas.

Al final, Juan Carlos Aróstegui, María Soledad Salazar, Norma Silva y Édgar Naranjo -todos arquitectos y rehabilitadores- se hicieron de una provisión de bálsamo, chanul, chota-caspi y caoba suficiente para unos cinco años.

Pero Ensamble, como se denomina el taller, también hurgó -y hurga- en casas derrocadas, mobiliario antiguo y otros lugares para encontrar madera, piezas de metal reciclado, acero inoxidable en buen estado, cuero y textiles de alta resistencia y durabilidad que les permitan 'pasar a limpio' los diseños de muebles que producen.

De la fabricación, explica Aróstegui, se encargan valiosos artesanos expertos en técnicas ancestrales -algunos salidos de escuelas como el taller San Andrés- que ponen a punto los diseños de salas, comedores, dormitorios, accesorios, cómodas, consolas... en fin, todo el mobiliario que sirve para el hogar o la oficina.

Son diseños contemporáneos, explica Silva, que se realizan enteramente a mano usando técnicas tradicionales de armado y ensamblaje y que, por la dureza y calidad de las texturas, son útiles por varias generaciones.

La preservación de estas maderas, acota Salazar, es tratada por inmersión y el terminado del mueble en su fase de acabado se realiza mediante varias manos de una combinación de ceras 100% naturales.

"Gracias a la naturaleza, densidad y dureza de las fibras, podemos prescindir del uso de selladores, lacas y tintes, logrando un acabado natural duradero y de fácil mantenimiento".

Otra cualidad de estos muebles es que los ensambles no tienen ni un elemento de metal. Todas las juntas son pegadas o unidas con tarugos de madera.

Como son exclusivos, acota Aróstegui, la fabricación demora algún tiempo. Según el tipo, la complejidad y la cantidad toma entre uno y tres meses.

La exhibición y comercialización se ubica en un sitio residencial de la zona norte de Quito, en una casona recientemente rehabilitada ubicada en Chariove N48-99 y Zambrano, en El Pinar Bajo.

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