Las lluvias y su efecto en las ciudades

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Víctor Vizuete. Editor

Esta fue una semana dura para Sangolquí y sus parroquias aledañas: un torrencial aguacero dañó la estructura y la infraestructura de muchas viviendas de conjuntos habitacionales -como Los Cactus- y de casas particulares de Inchalillo, Salcoto, La Carolina...

Otra vez la naturaleza se encargó de halarnos las orejas y recordarnos que lo único que puede frenar su ímpetu es la prevención. Y que en ese ítem, los ecuatorianos nos quedamos suspensos.

Aunque las ordenanzas que controlan la construcción en el país son más estrictas que antes, pero las circunstancias del ambiente han cambiado. Y los fenómenos naturales se manifiestan de forma repentina y, como sucedió el martes, rotunda. La frase cliché 'el clima está loco' ya no es un supueso sino una realidad.

¿Cómo prevenir el efecto de los desastres? Primero usando el sentido común: no construir en los filos de los acantilados ni en las riberas de quebradas y ríos. Segundo: actualizando la construcción a los tiempos.

Por eso, arquitectos como el paraguayo Solano Benítez impulsan la renovación en la forma de construir por el cambio climático.

¿Cómo? Redimensionarndo los canales de desagüe. Para él, la forma del cálculo del drenaje de las aguas lluvia debe tomarse al doble o al triple, ya que los aguaceros de hoy son más copiosos. Se deben aumentar, asimismo, los diámetros de los bajantes.

También hay que cuidar la electricidad. Cada vez que se produce una filtración en una losa, el agua puede llegar a caer en una caja de luz, con el consiguiente riesgo eléctrico y de incendios.

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