Le Corbusier y Salvador Dalí, genios entre el amor y el odio

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Redacción Construir

El 27 de agosto de 1965, Le Corbusier fue a nadar en el Mediterráneo, en contra de las órdenes de su médico, frente a su casa de verano en el sur de Francia. Su cuerpo fue encontrado por los bañistas.

Ese fue el fin del arquitecto más famoso del siglo XX y uno de los popes de siempre.

Una reseña del portal chileno www.plataformaarquitectura.cl sacó a la luz algunos detalles ocultos de la vida de este genio suizo nacionalizado francés, bautizado como Charles-Édouard Jeanneret-Gris y que adquirió el seudónimo de Le Corbusier (un derivado del apellido de su abuela) después de publicar su manifiesto, co-escrito con Amédée Ozenfant, llamado 'Aprés le Cubisme'.

Su famoso dicho de 'Arquitectura o revolución', vino de su creencia de que la arquitectura eficiente e industrializada era el único modo de terminar con la revolución de clases. Sus argumentos se consolidarían en su libro 'Vers une architecture' ('Hacia una arquitectura') y que culminaría en su trabajo más conocido, laVilla Savoye.

En 1934 fue invitado por Benito Mussolini para dar una conferencia en Roma. En los cuarenta fue urbanista en el Gobierno de Vichy para supervisar los diseños de varias ciudades, incluyendo Algeria. Cuando sus planes fueron rechazados, Le Corbusier dejó la vida política .

Según Katerina Gordón, la autora de la nota, su relación con otro genio, Salvador Dalí, estuvo marcada por la bipolaridad. A pesar de que Dalí le consideró en algún momento como un 'amigo', estuvo lejos de elogiarlo después de su muerte en 1965. Llamó a los diseños de Le Corbusier como "los más feos y más inaceptables edificios en el mundo" y dijo que la muerte de Le Corbusier "la recibía con una inmensa alegría… Que Le Corbusier era una criatura miserable trabajando en hormigón armado".

Sin embargo, el manifiesto desdén de Dalí no le impidió poner flores en su tumba. El pintor español dijo en sus propias palabras, "por una parte lo detestaba, pero por la otra, soy un absoluto cobarde".

Lo cierto es que este arquitecto franco-suizo tuvo pocos detractores y una legión de admiradores incondicionales.

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