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La guadúa pinta el paisaje rural manabita

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11 de May de 2012 12:36

Cuando el vehículo cruza por muchas de las carreteras de Manabí es común observar unas viviendas, casi siempre modestas, que pintan el paisaje como si fueran motas de algodón terracota.

Se trata de inmuebles levantados con el marfil vegetal, más conocido coma caña brava o caña guadúa. Este bambú es uno de los materiales protagonistas en el área de la construcción. En las zonas tropicales como Manabí la guadúa es sinónimo de frescura, ecología y ahorro.

La guadúa en su estado natural llega a sobrepasar los 12 metros de altura. Se la encuentra en grandes cantidades en las zonas montañosas de la provincia.

Uno de esos sitios bendecidos es el bosque húmedo de Pacoche ubicado al suroeste de Manta. En las fincas de descanso que aparecen en el escenario del bosque desde hace 20 años, las construcciones son a base de caña guadúa, madera y ladrillo.

En el enclave marino de San Lorenzo, ubicado 40 minutos al suroeste de Manta, se construyen casas con caña guadúa.

Un ejemplo son las viviendas edificadas en la infraestructura donde funciona la fundación Italiana Matogroso.

Trabajamos con la caña guadúa desde hace 15 años, empezamos en la fundación, comenta Roberto López, un carpintero de la zona. La caña nos la proveen los agricultores de los sitios Las Piñas y El Aromo. 12 cañas de 8 metros de largo tiene un costo de USD 50.

Una vez que la caña guadúa llega a nuestro taller, ubicado a 600 metros de la playa, la sometemos a un proceso de curado, comenta Douglas Triviño otro carpintero.

“Tenemos una especie de piscinas de 10 metros de largo por dos de ancho. Allí se ubican las cañas. Quedan sumergidas en bórax, un químico que protege la estructura del vegetal. Las cañas se secan entre 24 y 36 horas y luego se las saca”, reseña Triviño.

En la zona se trabaja en caña guadúa las paredes del segundo piso, ventanas, puertas, balcones y, a veces, hasta la estructura de las cubiertas, agrega López.

Cuando se trata de estructuras fuertes se utilizan pernos para unir las cañas, eso da solidez a la edificación, continúa López.

Trabajar las paredes del segundo piso de una casa, con sus respectivos accesorios y equipamientos como puertas y ventanas, demanda un par de semanas.

Una técnica muy socorrida en todo Manabí es la mixta. El primer piso de la vivienda es de ladrillo y el segundo de caña. Esta tipología es utilizada especialmente en los sitios donde los inviernos son inclementes y los primeros pisos se inundan con facilidad.

Son casas frescas. Cuando uno vive en un ambiente tropical debe optar por este tipo de materiales, comenta Francisco Suárez, residente en San Lorenzo.

Existen también muchas casas prefabricadas, donde se combina la madera con la caña guadúa. Esas son las casas denominas tipo Hogar de Cristo.

Estas soluciones habitacionales son las preferidas por las personas que viven en zonas periféricas, en los arrabales de las grandes ciudades como Manta y Portoviejo, Rocafuerte, Bahía de Caráquez, San Vicente...

Además son el distintivo en la campiña manabita.

Para el arquitecto Miguel Camino, la caña guadúa o caña brava que existe en Colombia y Ecuador es la única apta para la construcción de viviendas.

“Tiene mucha resistencia, es un material ecológico y, sobre todo, de fácil manejo”, comenta.

En Ecuador se empezó a utilizar la caña guadúa en las estructuras de las edificaciones desde 1992. Un ejemplo es lo que se construyó en la hostería Alandaluz, en el cantón Puerto López, al sur de Manabí, reseña Camino.

La caña guadúa también se utiliza para la construcción y fabricación de muebles y artesanías, que se venden especialmente en los pueblos costeros del país.

La guadúa se la utiliza con mucha frecuencia en la construcción de grandes módulos residenciales que funcionan como sitio para recibir turistas o entregar información de ese tipo.

En la reserva del bosque húmedo de Pacoche fue construida una habitación a orillas de la vía Costanera. Ese espacio se utiliza para facilitar información sobre el bosque húmedo y la recepción de turistas que llegan a conocer este bosque característico de la provincia manabita.

La estructura y las paredes son de caña. Las ventanas, pasamanos y caminerías también son a base de guadúa. En las uniones los tornillos fueron protegidos con una pintura anticorrosiva para evitar que el óxido los dañe.

Los asientos para el descanso de las personas y un sitio con techo cubierto con cade (hoja del árbol de tagua) para dar sombra cuando el sol pega con fuerza aportan a la obra. Una letrina (baño) también con paredes de guadúa complementa el módulo.

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