Chafado y grafiado son dos técnicas sólidas y estéticas

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Redacción Construir

El enlucido, la lijada y la pintura son tres esfuerzos que se ahorran cuando se aplican el grafiado o el chafado.

Ambos acabados resultan convenientes y rápidos. Las líneas, arrugas e irregularidades del cemento desaparecen, explica el maestro Carlos Collantes. La condición para hacer el trabajo es tener una superficie encementada.

No obstante, los componentes que cada trabajo requiere son diferentes.

Para el grafiado se emplean piedras, resina, espesante y pintura. La piedra debe ser bien escogida para conseguir buen acabado. El mármol es el preferido por muchos expertos, por su finura.

Es posible utilizar desde el más fino, tipo harina, hasta el de tipo arrocillo. Tan solo con una llana lisa se logran cuatro tipos de grafiado: lluvia, caracol, recto y galleta.

En el chafado se emplea carbonato, resina y espesante. Una pintura de base y el soplado con compresor, molino o pistola especial impregnan los materiales en el muro. Con uno, dos o tres colores es posible distinguir cada ambiente.

Los dos pueden ser aplicados en interiores como en exteriores. Esto depende de la cantidad de resina que se aplique: para interiores menos y para exteriores más cantidad.

Sin embargo, el chafado se emplea más en interiores y el grafiado en exteriores. ¿Por qué razones? La intemperie, los aguaceros y las granizadas desgastan rápidamente al chafado; en el grafiado, en cambio, la cantidad de resina que se utiliza ayuda a que el muro no se deteriore mucho y sea muy resistente.

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