19 de julio de 2014 00:05

Los techos verdes están floreciendo

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Víctor Vizuete. Editor vvizuete@elcomercio.com (O)

Más allá del calentamiento global que sufre el planeta, las grandes ciudades padecen el suyo. Y cada metrópoli vive su propio vía crucis y su propio calentamiento.

Las causas para ese ‘recalentamiento’ urbano son varias: el concreto de los grandes edificios, el asfalto de las vías, el esmog que eleva la temperatura y contamina el ambiente, la falta de áreas verdes y de jardines. La sumatoria de estos factores nocivos hace que las metrópolis se asfixien y envenenen.

Los caminos para salir de este agujero negro son pocos y complicados. E inciertos. Pero el más seguro es el de la ecología.

Esta ciencia ha dejado de ser el discurso lírico que primó desde la primera Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro (de 1992) hasta hace muy poco, para convertirse en una opción de vida, quizá la única, para todos quienes buscan preservar la deteriorada salud de este planeta.

La ecoarquitectura es uno de sus caballos de batalla . Y busca el equilibrio entre la naturaleza y el hormigón con el objetivo de construir edificios más sanos y menos agresivos contra el hábitat.

Sus vectores más visibles son el reciclaje, la utilización de materiales menos contaminantes y la erradicación de productos como el amianto, los formaldehídos, el plomo...

Uno de los aportes es la aparición de los llamados ‘techos verdes’, que no son sino jardines incorporados a las terrazas o las cubiertas de los inmuebles. Estas terrazas son excelentes climatizadores y grandes aislantes acústicos y ópticos, entre otros beneficios.

En Quito, uno de los pioneros fue el Ministerio del Ambiente. Ahora hay muchas edificaciones que poseen equipamientos de este tipo y su práctica crece rápidamente. Hasta ya hay conjuntos completos con sus casas con esa clase de cubiertas.

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