El adobe también construye casas de primera clase

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Redacción Construir

Para los jóvenes de hoy, la palabra adobe alude más a un programa de computación que a un material constructivo utilizado desde tiempos ancestrales en todo el Ecuador, especialmente en la Sierra.

Esto es comprensible, pues ellos son producto de la generación del 'hormigón' y no conciben una vivienda fabricada con otros materiales o con sistemas constructivos que no tengan cimientos, columnas, vigas y losas de concreto.

No obstante, los problemas financieros derivados de la crisis han sacado a la palestra el uso de la tierra para levantar casas: una práctica que no murió gracias al esfuerzo de profesionales como Handel Guayasamín, Jorge Echeverría, Fausto Acosta, Fernando Hinojosa y un puñado más… Uno de estos nuevos estudios arquitectónicos empeñados en rescatar este material y darle una coyuntura más contemporánea es Chaquiñán Taller de Arquitectura, un grupo joven conformado por Jorge Ramón Giacometti, Elena de Oleza Llobet y Francisco Trigueros Muñoz, compañeros de estudio en la Universidad Politécnica de Valencia, España.

Como su nombre lo indica, refiere Giacometti, Chaquiñán es un espacio en donde se hace camino al andar. 'Lienzo de barro' es el reflejo de su pensamiento, pues en esta obra se concretaron e implementaron los sistemas constructivos a medida que se realizaba la construcción.

'Lienzo de Barro' surge de una propuesta de intervención en una vivienda ubicada en Tumbaco, en donde los arquitectos debían realizar una ampliación. La intervención fue de 230 m2 de construcción.

Giacometti explica que la idea surgió a partir de la observación del contexto en el cual se encontraba la vivienda. En el sector se hallan varios lugares en donde se fabrican ladrillos y vieron cómo los adobes eran apilados antes de ingresar al horno. Este ambiente les permitió concretar su idea de un espacio construido basado en este material.

Los arquitectos fueron asesorados en algunos aspectos técnicos por Patricio Cevallos, ingeniero civil, y Juan Esteban Arellano, ingeniero metalmecánico, en especial para el sistema de anclaje.

La construcción se desarrolló en seis meses y para los cimientos se colocó una base (zócalo) de hormigón armado. Este aporte constructivo otorgó seguridad a la estructura.

En este basamento de hormigón se encuentran las instalaciones eléctricas e hidráulicas de la vivienda, pues, por la concepción del proyecto, ningún adobe debía ser tocado.

Este tratamiento estructural del anclaje de los adobes permitió crear una vivienda segura y resistente. No obstante, se requirió generar un sistema de refuerzo en las esquinas y extremos de los muros, agrupando los adobes entre platinas metálicas. A estas esquinas y extremos se les colocó una armadura horizontal de 4 mm que reforzó el trabajo estructural de las platinas.

Los muros son atados verticalmente mediante cables de acero que se conectan con el zócalo y con la coronación de hormigón del muro.

Los pilares de la edificación se construyeron a partir de tubos en desuso, reciclados de los oleoductos.

Esto, al igual que la utilización del barro, permitió a los jóvenes creativos economizar en los precios finales. Según Giacometti, los USD 75 000 invertidos en la construcción pueden tener un valor comercial de USD 200 000.

El proyecto se completó hace cuatro meses y está en funcionamiento y habitado. En estos momentos, el taller Chaquiñán se encuentran proyectando un hotel en Pedernales, Manabí, y una casa para un escritor emplazada en el cráter del Pululahua, Pichincha.

No olvide La cangagua y los tubos reciclados del oleducto son dos materiales.

El costo de la ampliación de la vivienda de 230 m2 fue de USD 75 000.

El tiempo de realización de la intervención arquitectónica fue de 18 meses.

Se aprovechó la gran cantidad de hornos de ladrillos que existen en el sector.

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