22 de mayo de 2016 00:00

Las construcciones tsáchilas bajo tierra se remodelan

En la comuna Chgüilpe se remodeló una de las antiguas covachas para hacer rituales

En la comuna Chgüilpe se remodeló una de las antiguas covachas para hacer rituales. Foto: Bolívar Velasco /El Comercio

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Redacción Santo Domingo 
(F-Contenido Intercultural)

La luz del sol que ingresa por una abertura del techo de las cabañas marca el origen del significado de las construcciones que los tsáchilas realizan bajo la tierra, a tres metros de profundidad.
El sentido de estas covachas es ser agentes que permitan correlacionar la luz, el aire y la tierra dentro de un espacio que es como una suerte de cápsula.

El vegetalista y chamán de la etnia, Flavio Calazacón, asegura que esta fusión de elementos dan lugar a la cosmovisión de sus creencias. Es decir, es el paso previo para conectarse con dioses como el sol, las cascadas, la laguna, el aire, los animales...
Todo esto en un estado de alucinación que les permite llegar al clímax de sus invocaciones, relata Calazacón.

Las construcciones bajo tierra no son más que espacios de seis metros cuadrados. De estas quedan muy pocas dentro de las siete comunas tsáchilas y son aquellas que elaboraron los ancestros, con materiales propios del bosque.

La cubierta de las cabañas son una composición de paja toquilla, caña guadúa, piedras compactadas con cemento y trozos de pambilJavier Aguavil, el gobernador de la etnia, explica que en la actualidad dentro de las covachas se practican rituales con turistas que acuden a ellos en buscan de la paz interior.

Ahí se los invita a probar la bebida del ayahuasca, al contacto directo con plantas medicinales y, también, a los endulzamientos en baños de cajón.

Estas cabañas se diferencian de las demás porque no son para habitar sino para la práctica de rituales, comenta Aguavil.
Además, con los años fueron modificadas conforme las exigencias del tiempo.

Las que tienen más de 50 años existencia son solo simples aberturas en la tierra de forma vertical y circular. En cambio, las que se construyeron hace menos de 15 años llevan piedras, escaleras y barro solidificado.

La promotora cultural tsáchila, Albertina Calazacón, dice que de esa forma se evita que el agua penetre con facilidad en su parte subterránea. “Es una construcción mucho más estética que, incluso, permite que más de dos personas ingresen al mismo tiempo”.

En la comuna Chigüilpe, en la vía Santo Domingo- Quevedo, existen dos de estas estructuras que aún sobreviven. Una de ellas, ubicada en una planicie en el acceso a ese territorio, fue recientemente remodelada con unas 800 hojas de paja toquilla y 30 fragmentos de caña guadúa.

Los comuneros se tomaron un mes y aprovecharon la cercanía que tienen con una plantación de caña y paja para animarse a la remodelación.

El gobernador tsáchila, Javier Aguavil, aseguró que está en marcha una campaña para que en las comunas se mantenga el concepto autóctono en todas las nuevas construcciones y remodelaciones. El Consejo de Ancianos Tsáchilas verifica que se cumplan los objetivos y pueden sugerir modificaciones, ampliaciones o recortes.

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