6 de octubre de 2014 21:26

Construcción se acelera en las islas Galápagos

En la ciudad se pueden construir viviendas de hasta tres pisos. Foto: Diego Pallero/ El Comercio.

En la ciudad se pueden construir viviendas de hasta tres pisos. Foto: Diego Pallero/ El Comercio.

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Nancy Verdezoto F.  Editora (I)
nverdezoto@elcomercio.com

En un ecosistema frágil y protegido como Galápagos resulta extraño el alto crecimiento que ha tenido el sector de la construcción en los últimos años. Principalmente porque existen controles sobre la migración y la residencia en la zona.

Según datos de la Matriz de Contabilidad Social de las islas, realizado por expertos de la ONG Conservación Internacional y difundidos este año, entre el 2006 y el 2011, la construcción significó un 9% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región insular, es decir USD 14,42 millones, lo que lo convierte en el tercer sector productivo de Galápagos.

En Santa Cruz, la isla más poblada del archipiélago, las construcciones han florecido vertiginosamente. Esto ha obligado a que se busquen nuevas alternativas para dotar de servicios básicos a sus moradores, lo que ha implicado también un mayor consumo de recursos y un impacto ambiental fuerte.

Así, por ejemplo, para dotar de luz eléctrica se cuenta con ocho generadores que requieren de 16 000 galones de diésel al día para funcionar. Por ello, se buscaron alternativas más ecológicas, como la producción de luz con paneles solares y con energía eólica.

Según el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial de Santa Cruz, el 83% de las zonas tiene una cobertura muy baja de servicios básicos. A pesar de ello, las edificaciones en la isla no se han detenido.

Recientemente se aprobó el proyecto urbanístico El Mirador, en las afueras de Puerto Ayora. Aquí, las tierras se destinarán para comercios, turismo y reubicación de algunas instituciones estatales.

Esta zona tiene 71,1 hectáreas y es la más grande de la isla. Allí, el Municipio prevé que se construya en unos 1 133 predios en los próximos 10 años. La edificación de algunos de ellos ya empezó.

Edificios de departamentos, casas de tres pisos... aparecen en medio del paisaje verde de esa zona de Santa Cruz. Al borde de la urbanización se sembraron Escalesias finis, unas plantas endémicas que están en proceso de recuperación porque se iban a extinguir.

“Esto se usa como hoteles, o como suites para rentar”, dice un taxista de Puerto Ayora, que llegó hace 28 años de Manabí y se quedó a vivir en la isla.

Muchas de las viviendas se construyen con el fin de rentarlas a los turistas. Por ello, el Ministerio de Turismo inició una especie de catastro de los alojamientos que existen en todo el archipiélago.

Hasta ahora, la Cartera de Estado tiene registrados 109 hoteles, hostales y casas hogar, pero se cree que es mucho mayor el número.

Y la perspectiva es que la cifra crezca aún más. Esto, luego de que el Consejo de Gobierno de Galápagos levantara hace un mes la moratoria hotelera que se dispuso en julio del 2013.

Hasta esa fecha existían 24 proyectos avanzados, que fueron suspendidos por la resolución, y que hoy deberán pasar por un proceso de revisión y aprobación de 117 parámetros en tres áreas: ambientales, turísticas y de infraestructura. De ellos, cinco ya estaban en proceso de construcción.

Este mismo procedimiento de validación y aprobación lo deberán cumplir también los nuevos proyectos que se presenten a consideración.

Según la presidenta del Consejo de Gobierno, María Isabel Salvador, una de las razones para tomar esta decisión fue que “los dueños de los proyectos invirtieron recursos económicos para la elaboración de sus planes de negocios, la obtención de la licencia ambiental o el diseño de planos y su aprobación, o incluso avanzaron ya en la construcción de sus proyectos, y aprobación de planos, y debieron endeudarse con la banca pública o privada”.

Sin embargo, el levantamiento de la moratoria ha dejado dudas en quienes ya trabajan en ese sector, no solo por la posibilidad de que se construyan grandes proyectos que afecten a los negocios pequeños, sino porque eso puede traer consecuencias negativas para el ecosistema sensible.

Pero Salvador aclaró que no se construirán “megahoteles, porque buscamos incentivar la generación de un turismo responsable con el medioambiente y activar la economía de sus habitantes; la ampliación de plazas se realizará en función de la calidad del servicio y con los estándares más estrictos posibles, precautelando siempre al medioambiente y el buen vivir de la población”.

Hasta el 2013, los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD)de las islas podían conceder y aprobar los proyectos hoteleros, como sucedió con Hogalápagos y con El Paraíso Hotel, que fueron aprobados en San Cristóbal. Pero estos fueron invalidados porque no cumplieron con toda la normativa para la aprobación.

La idea es que solo el Consejo de Gobierno apruebe los proyectos hoteleros, aunque en cuanto a construcción urbana no es esta entidad la que controla sino cada GAD.

Por ello, por ejemplo, en el 2010 se importaron 56 000 toneladas de productos desde el Ecuador continental y de esas el 70% fue materiales de construcción, lo que demuestra la magnitud del crecimiento de este sector, que es una muestra de la gran economía local, pero que implica un riesgo social.

PUNTO DE VISTA

No hay parámetros para construir
Reyna Oleas
Dir. del Programa ­Galápagos Conservación Internacional

La economía de Galápagos está creciendo sostenidamente a un ritmo de más del 19,6% anualmente, lo que es muy alto para cualquier economía.

Cuando uno ve esos indicadores ve cosas interesantes, una de ellas es que es una economía que depende principal y casi exclusivamente de las importaciones. Para hacer un dólar en Galápagos se requieren USD 1,14. Esta importación pone en situación frágil al archipiélago y tiene riesgos desde el punto de vista ambiental y humano. En las islas estamos en permanente construcción, si uno camina por las calles puede ver los edificios grandes. Esto se da porque no hay limitación a las edificaciones. Hay ordenanzas municipales, pero se puede construir fácilmente, no hay parámetros sobre cómo lo hacemos de manera sostenible o con qué materiales.

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