11 de febrero de 2016 00:00

El conocimiento indígena ayuda a la conservación

Los indígenas kichwas de Pastaza tienen conocimiento sobre la naturaleza, pues dependen directamente de ella para su sobrevivencia

Los indígenas kichwas de Pastaza tienen conocimiento sobre la naturaleza, pues dependen directamente de ella para su sobrevivencia. Foto: Cortesía de Tropical Herping

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Valeria Sorgato
Redactora vsorgato@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

En el sur de la Amazonía ecuatoriana, en las provincias de Pastaza y Morona de Santiago, los pueblos Kichwas, Achuar y Shuar veneran a un mamífero que está a punto de desaparecer del país. Sus creencias son la única esperanza para que no se extingan totalmente.

Se trata de la nutria gigante, un animal que reina los ríos de la Amazonía. En Ecuador se estima que existen unos 250 individuos, lo cual hace que esta especie se encuentre en peligro crítico, según la Lista Roja de la UICN.

Para los achuar y shuar, esta especie se identifica como ‘wankanim’, una metamorfosis de los espíritus del agua que dieron origen a las anacondas. Así mismo, para los kichwas las nutrias gigantes son los espíritus protectores de las lagunas.

“El conocimiento indígena y su cosmovisión sobre la naturaleza plantea estrategias de conservación más eficientes y sostenibles que las académicas”, dice Iván Jácome, autor del primer estudio etnozoológico sobre las nutrias gigantes.

En la investigación, pescadores kichwas proveyeron información sobre la distribución, la alimentación, la reproducción y los horarios de avistamientos de estos mamíferos, una información que ayudó en el monitoreo y en la conservación de esta especie.

Además, ellos son los encargados de mantener limpias las lagunas en donde existen nutrias gigantes, porque estos mamíferos son necesarios para la subsistencia de otros animales y de un ecosistema sano.

“Las nutrias gigantes son con­si­­deradas indicadores biológicos de los ecosistemas más equilibrados”, dice Jácome. Cuando los indígenas pro­tegen a un animal por su cos­movisión, conservan, a su vez, a miles de especies que coexisten en el mismo hábitat.

Así explica Andrés Ortega, quien trabaja en la conservación del cóndor por medio de las creencias ancestrales. El conocimiento biológico de los pueblos autóctonos -añade- “es increíblemente grande”, pues están en contacto permanente con la naturaleza y su comportamiento.

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