19 de agosto de 2014 14:57

Conozca cómo se denomina a la adicción al amor o el miedo a la soltería

Dos tercios de las personas conocen a su pareja mediante amigos en el trabajo. Tener una relación amorosa con algun compañero de la oficina se volvió común para la mayoría de mujeres. Foto: Archivo EL COMERCIO

La anuptafobia o adicción al amor es el temor irracional a perder a la pareja o que la soltería se prolongue por siempre.

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El Mercurio. Chile GDA

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Algunas personas sienten que el balance de su vida es negativo porque no han formado pareja y la desesperación por encontrarla las pone en desventaja porque se no se vinculan de una manera positiva con otras personas.

Sin duda conoce a alguien que nunca ha estado sola, siempre con novio o amigo con ventaja, o ‘peor es nada’ o como quieran llamarlo. A nadie le falta Dios, dicen, pero puede que esa envidiable mujer más allá de la suerte, tenga una especie de pánico: anuptafobia.

La anuptafobia o adicción al amor es el temor irracional a perder a la pareja o que la soltería se prolongue por siempre.

Ese temor puede llevar a las personas a elegir mal sus compañías, incluso a permanecer en una relación en la que no sea feliz.

Sostener una pareja durante muchos años no significa necesariamente que todo ande bien. Contar con alguien en quien confiar y que le acompañe en el crecimiento enriquece la vida, por lo que se debe ser prolija al momento de elegir.

La psiquiatra argentina Graciela Moreschi las describe como “mujeres que todo lo centran en conseguir una pareja, que cuando alguien se casa se deprimen. Temen ir a reuniones donde se reúne gente que hace tiempo no ven por temor a que les pregunten por su estado civil. Sienten que el balance de su vida es negativo porque no han formado pareja”.

La doctora explica que es una fobia que se manifiesta en las mujeres ya que “los hombres solteros no son condenados, casi se le ve como si fuera un mérito. La edad del hombre juega a favor, más experiencia, posición económica y prestigio, no tienen el reloj biológico y su identidad va más por lo profesional que por la familia que hayan construido”.

Cambio cultural

Estas mujeres son incapaces de elegir buenos compañeros, sostener relaciones amorosas constructivas y felices o poner fin a situaciones de maltrato en la pareja.

La búsqueda y la vida con un compañero y todo lo que tenga que ver con el universo de los dos, ocupa el lugar más importante de sus vidas, desplazando sus logros y deseos relacionados con otras áreas de desarrollo personal.

Otra de sus características es que se obsesionan con la obtención de una pareja o con el riesgo de perderla. Lo peor, es que todo les parece válido con tal de no caer en el bando de los solteros.

Pero a pesar de los cambios de la idiosincrasia en la sociedad, esta fobia persiste. La mujer actualmente tiene todo tipo de posibilidades siendo soltera, no sólo de desarrollo social y laboral, sino que puede ser madre sin ser prejuiciada.

“Las mujeres no ponen límites a los hombres con los que se relacionan. Toleran cualquier falta de compromiso, de respeto, de interés por miedo a perderlo. Son excesivamente complacientes y esto hace que el hombre termine sintiendo que no hay alguien del otro lado. La relación termina por ser aburrida”, dice la psiquiatra.

Según la autora del libro “Si el otro cambiara”, pueden existir tres casos que ponen en evidencia este trastorno emocional:

Si un novio dice que quiere estar solo por un tiempo. La verdad es que esto tiene una sola interpretación: quiere terminar la relación. Lo dice como puede y trata de ser lo menos hiriente, pero la mujer suele estar convencida de que la relación puede mejorar y no para hasta conseguir que dé un paso al costado.

Aparentemente todo está bien, pero ninguno habla. La mujer se pregunta si son felices, si todavía tienen cosas en común, pero se nota que carecen de proyectos juntos y que pasan más tiempo discutiendo que riendo.

Agresiones y violencia. Soportan pesadeces disfrazadas de chiste y la prohibición de realizar actividades de gusto personal. No quejarse de que le levanta la voz o los golpes.

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