14 de octubre de 2015 00:00

El conejo es el compañero ideal para personas ocupadas, no para niños

Andrea Yépez pasea a su conejo cabeza de león, Baloo, por el parque de su vecindario, con un collar para perros. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

Andreina Yépez pasea a su conejo cabeza de león, Baloo, por el parque de su vecindario, con un collar para perros. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

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Valeria Sorgato (I)

Las mañanas de Bambito empiezan con unos saltos sobre la cama de sus dueños. Con el afán de despertarlos, sus patitas raspan la cabellera de su amo. Se levanta con muchas ganas de jugar y ser mimado, explica Ernesto Briones, su dueño.

Lo describe como un conejo cariñoso, juguetón y travieso. Ha aprendido a hacer sus necesidades en un arenero para gatos y pasa largas horas lamiendo su pelaje para mantenerlo reluciente. Su juego preferido consiste en luchar con una culebra imaginaria. Briones imita una cobra con el brazo y Bambito intenta atacarla; esta le responde, él sale corriendo y regresa para defenderse.

Pero los conejos como mascotas no son para todos. Briones, biólogo de profesión, dice que son perfectos para adultos y jóvenes, pero no para niños. Son independientes, no se dejan cargar a menudo y son nerviosos, por lo que los niños pueden causarles estrés al querer llamar su atención para jugar con ellos.

Briones aconseja que para convivir con un conejo es importante tomar en cuenta su comportamiento natural. El destino de los conejos como animales presa hace que sean nerviosos y siempre estén en alerta, dice el biólogo.

Melani Langner enseña a su hijo que debe tratar con cariño a Bambito para no asustarlo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Melani Langner enseña a su hijo que debe tratar con cariño a Bambito para no asustarlo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

A pesar de que Bambito debe convivir con perros, es el ruido de un portazo o la llegada de un extraño lo que le asusta. Por su lado, Andreina Yépez cuenta que su conejo, Baloo, se esconde ante el olor a canes.

Si bien no pertenecen al grupo de los roedores sino de los lagomorfos (mamíferos placentarios), también necesitan roer para desgastar su dentadura, ya que esta crece toda la vida. Por eso Alejandra Recalde, veterinaria, recomienda darles una fuente de fibra que favo­rezca el desgaste de los incisivos y de los molares.

Asimismo, son animales acostumbrados a morder las raíces de sus madrigueras. Muchas veces los cables eléctricos pueden ser confundidos con raíces y es ahí cuando se presentan casos de conejos electrocutados, cuenta Recalde.

Cuando son adultos, los machos se vuelven territoriales y su orina tiene un olor muy fuerte, mientras que las hembras se tornan agresivas, porque “tienen que cuidar la madriguera”, explica Briones. Por eso él optó por castrar a su mascota lo más pronto posible.

Existe una variedad de 50 razas de conejos en el mundo: desde el gigante flamenco que pesa 8 kg, hasta el enano holandés que no alcanza el kilo. Recalde dice que el más común en Ecuador es el conejo cabeza de león, como Baloo: pequeños, suaves y afelpados.

Aunque un poco nervioso, Baloo es el compañero perfecto para Yépez, pues no le da mucho trabajo, no molesta, es cariñoso y, cuando ella está triste, él se acerca y la lame.

Estos animales son inteligentes, asegura Briones. Cuando llega la noche, Bambito se acuesta en la cama sobre los pies de su dueño y espera a que apaguen la luz para dormir.

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