20 de mayo de 2015 17:19

Colisión ofrece datos sobre cómo se forman las supernovas

Una supernova es una explosuión estelar. Los científicos llevan varios años desarrollando teorías sobre cómo se forman. Foto: AFP/NASA.

Una supernova es una explosuión estelar. Los científicos llevan varios años desarrollando teorías sobre cómo se forman. Foto: AFP/NASA.

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Carla Sandoval

Los astrónomos han podio avanzar en la comprensión de cómo se crean las supernovas de tipo 1a, tras observar el choque de una ellas contra otra estrella en sus primeros momentos de vida, lo que apoya una de las teorías sobre su formación, pero sin llegar a invalidar la otra.

Una supernova de tipo 1a, uno de los fenómenos más grandiosos del universo, se produce cuando una estrella enana blanca (muy densa) explota con tal potencia que puede llegar a eclipsar la luz de toda una galaxia.

Un estudio publicado hoy 20 de mayo por la revista científica Nature apunta a que ese tipo de supernovas se forman según el modelo "degeneración única", pero además sugiere que puede haber "dos clases muy diferentes" de supernovas tipo 1a en el Universo.

Y es que, aunque en las últimas décadas se han encontrado cientos de supernovas de todos los tipos, el proceso por el que un estrella enana blanca sufre esa transformación no está del todo claro.

En mayo de 2014 un equipo de astrónomos del Instituto Tecnológico de California (Caltech), que trabajaban en un sistema robótico de observación conocido como iPTF, descubrieron una supernova de tipo 1a, a la que llamaron iPtF4atg y que se sitúa a 300 millones de años luz de distancia.

Los datos recogidos en esas observaciones apoyaban una de las teorías sobre el origen de las supernovas enanas blancas y también sugerían la posibilidad de que, en realidad, hay dos tipos de poblaciones diferentes de esta supernova, según el artículo.

La comunidad científica tiene dos teorías sobre el origen de las supernovas tipo 1a, que surgen del mismo escenario general: la estrella enana blanca que explota forma un sistema binario con otra y ambas orbitan alrededor de un centro común de masa, pero los dos modelos divergen cuando teorizan sobre el tipo de interacción entre ambas estrellas.

El modelo de 'doble degeneración' defiende que la compañera de la estrella que explota es también una enana blanca, por lo que la explosión de la supernova comienza cuando esos dos objetos similares se fusionan.

Sin embargo, el modelo de 'degeneración única' teoriza que la segunda estrella es de tipo solar o incluso una gigante roja. En ese caso la poderosa gravedad de la enana blanca tira del material de la segunda estrella, lo que incrementa la temperatura y la presión en el centro de la enana blanca hasta que se desencadena una reacción nuclear que acaba en una espectacular explosión.

En el caso de la supernova iPtF4atg el impulso ultravioleta registrado por los telescopios era consistente con un escenario en el que el material expulsado por la explosión de la supernova se abalanza y rodea otra "estrella compañera", lo que genera una onda de choque que enciende el material circundante. Es decir que los datos avalan el modelo de "degeneración única".

Este descubrimiento, según los científicos, proporciona evidencias de la existencia de un estrella compañera en una supernova tipo 1a y demuestra que, al menos, algunos tipos de esta se originan según ese modelo.

Sin embargo, el modelo de 'doble degeneración' no queda invalidado ya que otras supernova pueden formarse según esa otra teoría, pues en 2011 algunas observaciones apuntaron en esa dirección.

"Eso significa que ambas teorías pueden ser válidas", según el profesor de astrofísica teórica en el Caltech Sterl Phinney, para quien "la noticia es que parece que los dos modelos teóricos son correcto y que existen dos clases muy diferentes de supernovas tipo 1a.

Las supernovas tipo 1a son conocidas como 'velas estandarizables', pues permiten a los astrónomos medir las distancias cósmicas y su observación fue clave para descubrir que el Universo se expande cada vez más deprisa, en contra de lo que se pensaba, lo que le valió el Premio Nobel de Física 2011 a tres científicos estadounidenses.

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