9 de mayo de 2016 16:43

La alegría volvió a los patios de las escuelas privadas de Manta

Los centro educativos públicos tienen complicaciones para recibir estudiantes; los privados tuvieron mayor asistencia de estudiantes. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Los centro educativos públicos tienen complicaciones para recibir estudiantes; los privados tuvieron mayor asistencia de estudiantes. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

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Víctor Vizuete E. Editor

En Manta, la apertura de las instituciones educativas fue dispareja, tirando a confusa. La mayoría de planteles, especialmente los públicos, abrieron pero no realizaron ninguna actividad netamente estudiantil.

En la Escuela República de Chile, emplazada en el barrio de Lazareto, solamente asistieron dos niños: Mateo Zambrano, de segundo de básica; y Jordi Tuárez, de quinto. Ellos, junto a la profesora de séptimo, Marjorie Álvarez, se dedicaron a matar el tiempo jugando básquet en la cancha de la escuela, esperando que pasen las cuatro horas reglamentarias impuestas por el Ministerio de Educación.

Lo cierto es que 212 de los 214 alumnos que tiene esta institución no asistieron por diversas razones. Las secuelas del terremoto todavía condicionan el comportamiento de muchos alumnos, explicó Fátima Vera, directora encargada de la institución. Otros tantos perdieron sus hogares y están albergados en distintos lugares, lo que les hace imposible asistir a recibir clases, afirmó la maestra mientras recibía la solicitud para una matrícula para su hija Valentina Cevallos, por parte de Magaly Alvia.

Esta institución tiene otra complicación. Como la unidad educativa Gil Delgado, ubicada en Ursa, Tarqui, quedó inservible por causa de los movimientos telúricos los maestros se dirigieron hasta la República de Chile, esperando se clarifique su situación y la de sus educandos.

16 maestros de esa escuela se ubicaron en el costado derecho de la cancha, donde se armó un paraninfo improvisado con algunos pupitres y mesas. Aquí estamos reunidos esperando soluciones para nuestra situación, aseveró con un semblante entre adusto y preocupado Rossana Delgado, psicóloga educativa.

A cinco cuadras de distancia, la Unidad Educativa María Auxiliadora no recibió a ningún estudiante ni lo recibirá jamás. Un martillo vibrador estaba demoliendo el edificio, que quedó inservible y era un verdadero peligro para las viviendas levantadas en su entorno.

Tres cuadras más al sur, los arquitectos Marlon Mero y Ángel Cevallos Black valoraban cómo quedaron las estructuras de la Unidad Educativa San Rafael, para ver si concedían el stiker verde o el rojo, que habilitaba o negaba –respectivamente- las apertura del local.

Tres cuadras más allá, en la Escuela Fiscal Mixta Félix Alvarado Roca, el panorama era aún más desolado que en la República de Chile. No asistió ningún estudiante aunque la directora, Estela Saltos, recibía solicitudes de ingreso de estudiantes que asistían a centros educativos que se cayeron o sufrieron daños estructurales severos y necesitaban, por necesidad, cambiarse sí o sí.

La contracara se vio en las centros educativos privados, los cuáles sí abrieron sus puertas y tuvieron asistencia de sus educandos y educados. Aunque la asistencia fue muy inferior a la normal.

Al Centro Educativo Jefferson ubicado en el km 1 de la vía Manta Jaramijó volvieron las sonrisas infantiles y las travesuras juveniles, aunque solo asistieron 47 de los 200 alumnos que tiene la institución.

Corina Rodríguez, directora del plantel, hizo hincapié en las actividades terapéuticas y lúdicas que se ejecutaron hasta las 12:00. “La semana anterior tuvimos un taller de adaptación emocional y física de nuestros muchachos a cargo de las psicólogas guayaquileñas Daniel Catán y Martha Martínez”.

Ayer, en cambio, los Jefferson realizaron actividades lúdicas y físicas bajó la batuta de la Lcda. En Educación Física Glenda Vera. Se divirtieron y desestresaron hasta no más jugando al circuito deportivo, que incluía sortear ulas ulas, conos desubicados a propósito, trampolines en las colchonetas y salto de la cuerda.

Al final, Joostin Pinargote y Waleska Zambrano salieron recansadas pero felices. Y con ganas de empezar las clases en serio a partir de hoy.

En el Colegio Julio Pierregrosse, ubicado al otro extrema de Manta, las actividades fueron más regulares y tuvieron una asistencia estudiantil casi normal, con un horario de 08:00 a 12:00.

La institución católica, regentada por la congregación Esclavas del Divino Corazón, está ubicada en un moderno complejo educativo emplazado en Barbasquillo y alberga a 900 estudiantes.

“La Julio”, como es conocido coloquialmente por los mantenses desde que funcionaba en la calle 13, al lado de La Merced, realizó ayer trabajos de adaptación, convivencia y dramatizaciones teatrales, explicó la hermana Lourdes Almeida Cevallos, directora del plantel.

En los dramatizados, dirigidos por la Lcda. Susana Yoza, los estudiantes de los primeros A y B pusieron en escena cuentos como la Caperucita Roja, El Espejo de Luisita, La rueca y el bastidor…

Daniela Ortiz, Génesis Corral, José Velásquez, Valeria Naranjo, Marcela Alarcón y Humbwerto Brito no cabían del contento y el daban rienda suelta a la chacota sin ningún pudor.

Hoy, según afirma la madre Lourdes, tendrán una jornada de convivencia profesores, padres y alumnos y, el miércoles, se dictarán clases normales.

Afuera, a un costado de la puerta principal, Gonzalo Suárez proveía a la inquieta muchachada de mangos, ovos y grosellas como lo hace desde hace 29 años. Con una agilidad de superhumano y la sonrisa a flor de piel.

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