22 de marzo de 2017 00:00

Con cirugía es posible controlar la epilepsia

La operación de Monserrate, de 4 años, duró seis horas en el quirófano del Hospital Metropolitano de la capital.

La operación de Monserrate, de 4 años, duró seis horas en el quirófano del Hospital Metropolitano de la capital. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Redactor (I)

A sus 4 años, Monserrate tenía más de 20 microconvulsiones diarias. Se presentaban cuando estaba en su casa en Riobamba (Chimborazo) junto con sus padres, Jorge Calero y Fernanda Toledo. Ambos recuerdan que la niña tenía la mirada perdida y parecía que no los escuchaba. Dejó de hablar.

Cuando nació, ella tuvo esclerosis tuberosa, una enfermedad que afecta al cerebro y la médula. Eso le produjo epilepsia; las convulsiones fueron controladas con tratamientos. La esclerosis le provocó una discapacidad psicomotriz, pero pese a ello llevaba una vida normal: jugaba, asistía a la escuela, corría.

Todo era normal hasta abril del año pasado, cuando volvieron las crisis convulsivas. Calero recuerda que estaban preocupados y acudieron al Hospital Metropolitano para que la niña fuera evaluada.

Allí les indicaron que Monserrate tiene un tumor en el cerebro y que debía someterse a dos operaciones. Una para extraerlo y otra para cortar el cuerpo calloso que une los hemisferios del cerebro, denominada callosotomía, y que permite controlar los ataques.

Esa técnica fue desarrollada en Alemania y Canadá y también se utiliza en esa casa de salud. A cargo del procedimiento estuvo el neurocirujano Carlos Barzallo. “Cortamos ese puente e impedimos que las crisis convulsivas, que pueden originarse por una descarga en el hemisferio derecho, se pasen al izquierdo”. Luego de la operación, las convulsiones pueden controlarse hasta en el 70%.

El galeno precisa que ha hecho cien operaciones de este tipo en los últimos 11 años, en el programa de cirugía de epilepsia del Metropolitano. Con datos de la Liga Internacional de la Epilepsia, añade que esta se reporta aproximadamente en el 2% de la población de los países en vías de desarrollo y que los niños son vulnerables.

Según los últimos datos difundidos por el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), hasta el 2015 hubo 4 262 atenciones a usuarios en hospitales públicos en el país, por epilepsia. La mayor cantidad se presentó entre niños de 1 a 9 años.

A escala internacional, 50 millones de personas padecen ese desorden, según los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La proporción calculada de la población en general con epilepsia activa, ataques continuos o necesidad de tratamiento está entre 4 y 10 por cada 1 000 personas. Sin embargo, algunos análisis realizados en países de ingresos bajos y medianos sugieren una proporción mucho mayor, entre siete y 14 por cada 1 000.

Ante esos casos, la callosotomía es una alternativa para controlar las crisis convulsivas. La operación es de dos tipos. Una paliativa, que ayuda al control de las crisis, y la curativa, que alcanza el 90% de probabilidad de que el paciente no tenga más ataques.

La operación de Monserrate se realizó la tarde del lunes pasado y duró seis horas. Esta se enmarcó en los parámetros de la neurocirugía funcional, que se basa en devolverle al paciente la calidad de vida que perdió por una enfermedad. Eso también aplica para los allegados que cuidan a la persona con esa enfermedad.

El costo de la operación es de USD 15 000. Tras la cirugía -indica el galeno- la recuperación es rápida y la inversión en el procedimiento no se pierde. La razón: quien es intervenido ya no tiene que usar medicamentos ni costear nuevos tratamientos. “El paciente y su cuidador se reintegran a la fuerza económica del país”.

Así lo vivió el quiteño Oliver Rojas, de 45 años, quien fue operado hace 11 años. Recuerda que tenía seis convulsiones diarias y temía salir a la calle, porque le podían dar ataques. Tampoco podía trabajar.

Tras la cirugía dejó de sufrir crisis convulsivas, lo cual le permitió dedicarse de lleno a su fábrica de lubricantes de vehículos. Dice sentirse feliz con su nueva situación. Esperan que Monserrate sienta ese cambio de vida, quien era una niña alegre. Disfrutaba de ver dibujos animados. Uno de sus preferidos es 'Dora, la exploradora'.

Con la finalidad de recolectar dinero para operar a su niña, Calero y su esposa organizaron rifas, además vendían comida en eventos deportivos con el apoyo de amigos. La operación resultó un éxito y hoy ansían que Monserrate se recupere pronto. A futuro, Calero no descarta seguir terapias con cannabis medicinal para que su hija siga adelante.

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