8 de diciembre de 2015 23:16

El Circo del Sol 'visitó' la Kennedy y El Condado

Cuatro miembros del elenco del Circo del Sol visitaron dos proyectos sociales del Patronato San José del norte de Quito. Foto: Cortesía Municipio de Quito

Cuatro miembros del elenco del Circo del Sol visitaron dos proyectos sociales del Patronato San José del norte de Quito. Foto: Cortesía Municipio de Quito

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Evelyn Jácome

Todo fue risas y alegría. A las 16:00 de este martes 8 de diciembre del 2015, cuatro miembros del elenco del reconocido Circo del Sol (Cirque du Soleil), visitaron dos proyectos sociales del Patronato San José, ubicados en el norte de Quito.

Como parte de su metodología de inclusión, Mauro, de Italia, Seguey y Antonina, de Ucrania y Emily de Canadá, llegaron a animar la tarde de niños y adolescentes en situación de riesgo.

Al mediodía visitaron un Guagua Centro ubicado en la Kennedy y pasadas las 16:00 acudieron a Adoleisis, un lugar que acoge a madres adolescentes, en El Condado.

Allí, María Fernanda Pacheco, presidenta del Patronato, comentó que fue el circo quien los contactó para poder llevar su show a personas en situación de vulnerabilidad. En el patio trasero del lugar donde funciona el centro Adoleisis, se improvisó un escenario rodeado por sillas plásticas.

Allí, cerca de 20 jóvenes de entre 11 y 18 años, se ubicaron para deleitarse con la presentación. Se trató de chicas con hijos recién nacidos, embarazadas o que fueron agredidas sexualmente y que recibirán apoyo en el centro durante aproximadamente tres meses. Allí, un equipo de sicólogos y personas capacitadas, trabajan en un proceso de reinserción. Entre el público se encontraban, además, los niños del Hogar de Paz, ubicado en San Roque, que acoge a unos 400 niños y que tiene como objetivo erradicar el trabajo infantil.

El primero en llegar fue Mauro, protagonista de El Corteo, obra que presenta el circo en la carpa levantada en el Parque Bicentenario.

El primer acto fue la presentación de los artistas. Luego cada uno de los niños dio su nombre mientras Mauro, vestido de payaso, los animaba y bromeaba.

Los malabares llamaron la atención de los presentes. Todos los niños tuvieron la posibilidad de participar en los actos. De tres en tres, se paraban en medio de dos malabaristas que lanzaban las clavas de un lado al otro, muy cerca de los pequeños, pero sin tocarlos. Incluso algunas de las adolescentes encargaron a sus hijos que tenían en brazos o que amamantaban, para poder participar.

El segundo acto fue la comedia. Mauro pidió una silla plástica y se sentó en medio del patio para descansar y leer un periódico. Comenzó a realizar un sonido con una especie de pequeño silbato, simulando el zumbido de una abeja. Al intentar espantar al insecto, fue de un lado a otro bromeando con los niños. Uno de ellos soltó una carcajada estrepitosa y un adulto le llamó la atención, pero Mauro le sugirió seguir riendo y hacerlo más fuerte. ‘Para eso estamos aquí’, dijo.

La actividad con las ‘ulas ulas’ también tuvo acogida. Muchos de los niños se lucieron con su movimiento de cintura.

Diego Garrido, de Global Shows, contó que los artistas del centro solicitaron realizar presentaciones para niños de bajos recursos y alegrarlos con un pequeño acto circense.

Dijo, también, que el circo tiene una conciencia social amplia y que busca dar cobertura y nivel académico a circos sociales. De hecho, el elenco del reconocido espectáculo tuvo un taller con el circo social de Ecuador. Comentó que la agenda de los artistas ha sido bastante apretada, sin embargo, se dieron tiempo para conocer lugares turísticos de la capital , e incluso viajar a Mindo, Otavalo, y Papallacta, por ejemplo.

Realizarán 34 presentaciones en cuatro semanas, con espectáculos de martes a domingo. Y los viernes, sábados y domingos, ejecutan doble show. Esta será la última semana de funciones. Aún hay entradas disponibles.

Durante unos 30 minutos, los niños se divirtieron junto al elenco. Luego vinieron las fotos, los autógrafos mientras Mauro justificaba la visita al lugar con una frase: ‘El circo nació en la calle y debe volver a la calle’.

Antes de la puerta de salida, un pequeño llamó la atención de los artistas. El niño de ocho años se encontraba haciendo bailar un trompo a un extremo del patio. Los malabaristas comentaron que nunca habían visto algo así, felicitaron al niño, le pidieron seguir adelante, y despidieron.

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