10 de marzo de 2015 16:50

En Quito, dos cines porno sobreviven a Internet y las prohibiciones

Un cliente observa una película al interior de una sala en el cine de películas porno Hollywood, ubicado en el centro de Quito. Foto: Paola López/ AFP

Un cliente observa una película al interior de una sala en el cine de películas porno Hollywood, ubicado en el centro de Quito. Foto: Paola López/ AFP

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Agencia AFP
Paola López, Quito

En Quito, el cine porno es un ritual de fidelidad. Un puñado de hombres, casi siempre los mismos, concurre sin falta a las únicas dos salas del género que sobreviven al auge de Internet, el desprestigio social y la prohibición de entrada a las mujeres.

A los 63 años, Patricio Veloz ejerce un oficio que también se encamina a la extinción. Este hombre de gafas y tez morena lleva casi cuatro décadas proyectando películas de sexo explícito en el Hollywood, el último cine de su especie que queda en Quito junto al América, situados ambos en el centro, donde se concentra la mayoría de templos católicos de esta ciudad tradicionalmente conservadora de 2,5 millones de habitantes. Otra sala porno, el Granada, cerró sus puertas hace menos de una década.

Antes de concluir el bachillerato, Veloz vio su primera película erótica y por casualidad comenzó trabajando como taquillero hasta llegar a la cabina principal, decorada con fotos de sus dos nietos y una imagen cristiana.

A finales de los años 1980, hasta 1.200 personas acudían por día al Hollywood a ver a las estrellas internacionales del porno en horario continuo. Hoy apenas se venden "unas 120 entradas diarias", cuenta a la AFP. Casi la misma cantidad que en el América.

Los espectadores son hombres de 40 a 70 años que siguen deslizando dos dólares por una ventanilla esquivando la mirada de Vilma, la mujer que vende los boletos desde hace 28 años y quien prefiere omitir su apellido.

Discretos, se ubican en filas separadas en un lugar donde sobra espacio y no hay mujeres, después de que tanto allí como en el América se prohibiera hace cinco años su ingreso por repetidas quejas de vecinos por supuesta prostitución. "Antes entraban parejas y viejitos a ver porno. Hay parejas de ancianos que se paran frente a la taquilla y dicen: '¿Te acuerdas cuando me trajiste aquí?' Ahora ya no hay cómo entrar", lamenta Vilma.

El veto a las mujeres ahondó la crisis que ya asomaba por Internet, que permitió la descarga gratuita de videos eróticos, y la llegada de las grandes cadenas de cine, donde no se no exhiben filmes porno. "El público se redujo en un 30%", comenta Veloz.

El cine Hollywood se ubica junto al América, en el centro de Quito. Son los dos únicos del tipo que quedan en la capital. Foto: Paola López/ AFP

El cine Hollywood se ubica junto al América, en el centro de Quito. Son los dos únicos del tipo que quedan en la capital. Foto: Paola López/ AFP

El tamaño sí importa

Pero el golpe de gracia a los cines porno lo propinó el acceso masivo a la red. Una situación similar a la que también se desencadenó en otras partes del mundo, como en Madrid, donde el pasado fin de semana cerró la última sala XXX, o en Bogotá, donde se redujeron de diez a dos los grandes locales de exhibición en los últimos años.

"Las nuevas tecnologías cambiaron el consumo, pero hay un grupo de gente que no muda a las nuevas tecnologías", dijo a la AFP el ecuatoriano Christian León, autor del libro 'El cine de la marginalidad'.

Fabián es un ejemplo. A sus 55 años, tiene acceso al Internet, pero prefiere las pantallas gigantes. "Hay una diferencia muy notable entre el cine, el video y la televisión. Cuando usted ve en pantalla chiquita hasta los ojos le molestan. Es mejor en pantalla grande", dice a la AFP.

León, sociólogo, lo explica: "La sala oscura del cine sigue siendo un lugar de refugio más íntimo". Pero esa búsqueda de intimidad no está exenta de estigmas. Los asiduos al Hollywood suelen ocultarse bajo gorras para eludir los gestos de reproche.

"Hay gente de otras religiones (diferentes a la católica) que vienen aquí y a veces insultan y dicen: '¿Cómo es eso posible? ¡Aquí vive el diablo!'", dice Vilma. Incluso hay mujeres que les tapan los ojos a sus hijos pequeños cuando pasan frente al cine porno.

Veloz cuenta que el Hollywood siempre ha estado "en la mira" de las autoridades, que desde hace mucho han querido clausurarlo. Quizá por eso ya no existen los carteles de antaño para promocionar las películas. Apenas un pequeño afiche anuncia el menú del día: 'Muñequitas' y 'Esposa insatisfecha'. Pese a la merma de la taquilla, el Hollywood prevé seguir abriendo todo el año con apenas una excepción: el Viernes Santo.

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