14 de julio de 2017 17:21

El cine explora el lado humano de la enfermedad

En 'Hasta los huesos', la actriz Lily Collins interpreta a una artista de 20 años que atraviesa por un estado avanzado de anorexia. Foto: Flickr

En 'Hasta los huesos', la actriz Lily Collins interpreta a una artista de 20 años que atraviesa por un estado avanzado de anorexia. Foto: Flickr

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Fernando Criollo
Redactor

En ocasiones, la vida aparece frente a la pantalla con su cara más amarga, haciendo que ciertas patologías ocupen un lugar protagónico. Historias que pueden concienciar, que aportan a la comprensión y que, además, muestran el dolor y la impotencia o la esperanza y la entereza de quienes las padecen y el impacto que provoca en su entorno social más próximo.

No dejan de ser temas incómodos, sensibles pero también necesarios, como la historia de la guionista y directora Marti Noxon, quien tuvo problemas de anorexia y bulimia y que ahora aborda el tema en ‘Hasta los huesos’. Esta nueva producción de Netflix, se estrena este 14 de julio, en medio de un vivo debate sobre sus intenciones, su tratamiento y el efecto sobre la audiencia.

En la cinta, la actriz Lily Collins interpreta a una artista de 20 años que atraviesa por un estado avanzado de anorexia hasta que conoce a un médico que le desafía a enfrentar su problema a través de un método poco convencional.

Antes del estreno de la película, los primeros comentarios apuntaban al aspecto de extrema delgadez que reflejaba la protagonista. La actriz dejó claro que fue necesario adoptar esa apariencia como parte de la caracterización de su personaje y que su adelgazamiento fue supervisado por nutricionistas. Pero la polémica creció cuando se reveló que tanto la directora como la protagonista tuvieron problemas de anorexia y bulimia en el pasado. Más inquietudes surgieron alrededor de la apología o el estigma que podía recaer sobre el tema o la crudeza de sus escenas.

Críticas que la directora ha enfrentado diciendo que está completamente sensibilizada con un tema que experimentó personalmente y que han intentado abordarlo desde la perspectiva más responsable y respetuosa posible.

Pero no ha sido el único filme sobre una enfermedad que ha dividido opiniones. Las mismas críticas sobre su aspecto tuvo que enfrentar Mathew McConaughey, cuando apareció con una figura esquelética para interpretar a un vaquero diagnosticado con sida en ‘Dallas Buyers Club’. Un potente y crudo trabajo interpretativo que fue reconocido con un premio Oscar. El mismo galardón que obtuvo Julianne Moore por su trabajo en ‘Siempre Alice’, donde mostró el tormentoso deterioro físico y emocional de una experta lingüista en la que empieza a desarrollarse la enfermedad de alzhéimer.

La versatilidad de Jennifer Lawrence para meterse en la piel y la mente de una mujer con trastorno bipolar en ‘El lado bueno de las cosas’ también mereció una estatuilla dorada y siete nominaciones al Oscar, incluyendo una para su coprotagonista Bradley Cooper, un hombre que padecía el mismo trastorno.

‘La decisión de Anne’ expone desde el drama el derecho de los pacientes a decidir sobre su cuerpo y su destino, mientras en ‘Amor y otras drogas’ se examina el papel de la industria farmacéutica en la salud como un derecho humano. Películas como ‘Mi nombre es Khan’ matizan el drama de una patología como el autismo con algo de humor para reflexionar sobre la inserción social de estas personas. Estilo que contrasta con los sombríos ambientes de ‘Donnie Darko’ que propone una idea sobre las visiones provocadas por la esquizofrenia.

En el contexto de las más diversas patologías, el cine del nuevo milenio ha abierto una oportunidad para el diálogo y la reflexión de temas y situaciones a los que se deben enfrentar los pacientes y sus familiares.

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