20 de febrero de 2015 13:15

De cómo el cine deviene en arte contemporáneo

Invitado por la Universidad de las Artes, el profesor francés Philippe Dubois dictó clase magistral en el Auditorio del Centro Cultural Simón Bolívar. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

Invitado por la Universidad de las Artes, el profesor francés Philippe Dubois dictó clase magistral en el Auditorio del Centro Cultural Simón Bolívar. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

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Alexander García

El artista británico Douglas Gordon tomó los 90 minutos de duración de la película Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock, y ralentizó sus cuadros para que la proyección completa de la cinta tardara en un museo un total 24 horas. El resultado es una de sus obras más conocidas de videoarte: 24 Hour Psycho.

La reinterpretación que Gordon hace de una película, elevada a la condición de una obra de museo o galería, es uno de los ejemplos de cómo las imágenes del cine dan paso a propuestas artísticas.

Aunque no solo las películas inspiran el arte contemporáneo, también los elementos del 'cine como dispositivo': juegos alrededor de la sala, la pantalla, el sistema de proyección o la noción del espectador.

El crítico francés Philippe Dubois, catedrático de la Universidad Sorbonne París Nouvelle 3, impartió en Guayaquil la clase magistral ‘El post cinema’ o ‘Cinema de exposición’ en el que abordó los vínculos entre lo cinematográfico y la plástica.

El experto, que visitó la ciudad invitado por la Universidad de las Artes, partió de una pregunta: ¿En qué deviene "el cine" una vez que lo hemos "dejado ir" como forma, como soporte, como institución, como dispositivo?

Las respuestas son múltiples pues el siglo XXI las proyecciones invaden los espacios públicos y las películas se proyectan en las fachadas de las casas (video mapping).

Pero el cine “contamina”, incluso en lo escénico de obras de teatro experimental como Antonioni (2009) del director belga Ivo van Hove, que fusiona teatro y cine al proyectar en pantallas gigantes acercamientos expresivos de los actores, con cámaras grabando y reproduciendo la acción en vivo sobre el escenario.

“Lo que se viene diciendo, por un lado, es que el cine está muerto como experiencia, pero por otro lado hay los que piensan en su enorme capacidad de expansión y creen que está pasando lo contrario, que el cine gana terreno en otras formas, gracias a los modelos de mutación actual”, indicó Dubois, académico especializado en cine, vídeo, fotografía y arte contemporáneo.

La anunciada 'muerte del cine' no acaba de llegar y el catedrático ofreció múltiples ejemplos sobre su capacidad de contaminación y expansión en lo que se ha dado a llamar cine de exposición.

Hay las instalaciones de cineastas como el francés Chris Marker, a quien se le atribuye la invención del documental subjetivo, y la belga Agnés Varda, con sus videoinstalciones de carácter social. En ambos casos las pantallas múltiples exploran las posibilidades de antiguos recursos plásticos como dipticos, tripticos o polidipticos para crear sensaciones y contar historias.

Pero la apropiación del lenguaje cinematográfico también se realiza desde las artes plásticas. Hay una doble migración, la migración de imágenes al arte, pero también la migración de dispositivos. (…) Entre las opciones está el filme materializado, por la condición de proyección en una sala todo desparece al mismo tiempo que los vemos, pero los artistas pueden materializar las imágenes a través de esculturas o pinturas.

Otros trabajos utilizan elementos como la proyección, la pantalla, la sala o nociones como las del espectador actor para elaborar sus propuestas. Entre los ejemplos están obras del canadiense Anthony Mccall que materializa el haz luminoso, juega con las proyecciones que van constituyendo formas en cuartos oscuros llenos de humo, por donde se pasean los espectadores.

El videoartista estadounidense Tony Oursler proyecta por su parte rostros de colores en el follaje de los árboles, con efectos de sonido sorpresa capaces de asustar a los transeúntes de jardines y parques.

Mientras que el artista e ingeniero electrónico norteamericano Jim Campbell sobrepone todos los fotogramas del filme El mago de Oz en Illuminated Averages #5 (2001). Campbell es uno de los artistas más innovadores en el campo de la experimentación lumínica, combina técnicas del videoarte y el uso de la luz.

El resultado en Illuminated Averages #5 es un cuadro colorista, una impresión de color de tonos rosa y turquesa. “El mago de Oz en su imagen de síntesis es una suerte de caramelo”, apuntó Dubois.

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