13 de marzo de 2016 00:00

Los científicos escudriñan el zika

Investigadores en todo el mundo realizan estudios comparativos entre distintas poblaciones afectadas con zika. Foto: AFP

Investigadores en todo el mundo realizan estudios comparativos entre distintas poblaciones afectadas con zika. Foto: AFP

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Redacción Tendencias

La alerta del Servicio Departamental de Salud de La Paz, Bolivia, 
fue clave para el epi­demiólogo Eugenio Ortiz, para entender que en América ­Latina la expansión del zika puede tomar caminos insospechados.

En un boletín difundido este viernes 11, la institución alertaba que el mosquito Aedes aegypti está adaptándose hasta los 2 600 metros sobre el nivel del mar. Y si bien no se registra hasta el momento insectos infectados con zika, para Ortiz esta situación es un aviso para pensar nuevos escenarios del virus.


Desde la alerta sanitaria mundial emitida a inicios de febrero de este año, la literatura científica en torno al zika se ha disparado. Antes de la expansión global del virus, y tal como lo demostró el investigador Tom Frieden (del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos), en un tuit publicado el 12 de febrero, la documentación especializada no llegaba ni al centenar de páginas.

“50 años de negligencia”, señalaba Frieden, indignado frente a una repentina fiebre investigativa en torno a una enfermedad identificada a finales 
de la década de 1940.


Tan solo entre febrero y marzo de este año, el portal Zikavirusnet.com expone casi una veintena de documentos registrados como literatura especializada en torno a esta enfermedad. Para Ortiz, esta documentación pulula en tanto hay nuevas herramientas para compartir información y hacer investigaciones basadas en metadata científica.


Efectivamente, este 10 de marzo se publicó en The New England Journal of Medicine una de las últimas investigaciones que relaciona la meningoencefalitis, una peligrosa inflamación de las meninges y el cerebro, en adultos con la adquisición de la enfermedad.

Esta es la conclusión de un grupo de científicos franceses, tras descubrir que un hombre de 81 años infectado de zika en un crucero en el Pacífico Sur, donde circula el virus, desarrolló meningoencefalitis y no se recuperó hasta pasado un mes.
“Los médicos deben estar al tanto de que el virus zika puede estar asociado con la meningoencefalitis”, advierten los autores del estudio.

Diferentes virus pueden causar meningitis, encefalitis y la combinación de ambas, entre ellos el virus del Nilo Occidental, transmitido por un mosquito diferente al del zika. Los científicos descartaron que el paciente de 81 años tuviera cualquier otro virus y detectaron zika en su líquido cefalorraquídeo.

El hombre no tuvo ningún problema de salud durante las cuatro semanas que duró el crucero, pero 10 días después de terminar el viaje lo ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con varias dolencias graves, entre ellas un estado comatoso medio. 


Hasta ahora, los posibles nexos del zika con la microcefalia, con otras malformaciones congénitas y con el síndrome Guillain-Barré han sido los temas más urgentes en la investigación científica sobre el actual brote del virus.

A esto se suma una intensa búsqueda de la vacuna contra la enfermedad, algo que los expertos vaticinan que no llegará sino hasta dentro de tres años, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud asegura que los primeros perfiles estarían listos a mediados de año. 


“Quizás en tres años tengamos una vacuna. Tres años, siendo optimista” declaró, a los medios de comunicación en Ginebra, el profesor Jorge Kalil, director del Instituto de Investigación Brasileño Butantán. “Se necesitará probablemente un año para realizar las primeras pruebas clínicas. Después, veremos...”, aseguró por su parte la directora adjunta de la OMS, Marie-Paule Kieny. “Por lo tanto, es posible que las vacunas lleguen demasiado tarde para (frenar) la epidemia actual en América Latina”, añadió.


¿Se inició tal vez muy tarde la investigación de esto? Ortiz señala que sí, pero con la ayuda de biosistemas inteligentes se puede acortar la brecha entre las soluciones y la enfermedad. Sin embargo, él mismo ve 
como un error el hecho de que la comunidad científica no haya puesto atención antes.

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