25 de June de 2012 10:45

Huellas de aves de hace 48 millones de años en Antártida

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Hallazgos en la isla Rey Jorge de huellas fósiles de aves similares a zorzales, caranchos y patos de hace 48 millones de años, realizados por el científico chileno Héctor Mansilla del Instituto Antártico Chileno (INACH), fueron publicados en la revista Antartic Science.

En esa época la Antártica todavía estaba unida a la Patagonia y uno de estos registros, el de la icnoespecie Avípeda, es el primero que se realiza en esta zona. Para Mansilla, esta investigación permite redescubrir para la ciencia un lugar que hace millones de años se parecía mucho a los pantanos costeros de Magallanes o a los bosques de la Región de Los Lagos (1 000 kilómetros al sur de Santiago), con especies afines al mañío, la araucaria, el coigüe, el ciprés o el ulmo.

Contó el científico chileno que el año 2009 viajó a la isla Rey Jorge invitado por el doctor Marcelo Leppe, paleobiólogo del Instituto Antártico Chileno, para participar en su proyecto sobre las conexiones entre la Patagonia y la Antártica.

"Dentro de los lugares que teníamos que explorar estaba el cerro Fósil y ahí se produjo este hallazgo con más de 60 piezas encontradas ese año", señaló Mansilla, actual encargado del Laboratorio de Paleobiología del INACH.

Las marcas fósiles dejadas por la actividad de los organismos son estudiadas por la icnología, una rama de la Paleontología, y cuyas marcas son conocidas técnicamente como icnitas o icnofósiles, ya que un mismo tipo de huellas puede ser dejado por especies distintas.

Reportes de huellas de aves existían desde los años setenta, hechos por el geólogo Vladimir Covacevich, pero gracias a estas 60 piezas recuperadas por Mansilla, Leppe y Natalia Varela se pudo redescribir una de las huellas encontradas por Covacevich (Antarctinus fuenzalidae) como Gruipeda fuenzalidae, un ave similar al zorzal con garras pequeñas.

También se encontraron huellas de un Fororracoide, ave carnívora de gran tamaño e incapaz de volar.

El artículo publicado por Antarctic Science describe también huellas de Avipeda, similar al carancho, con hálux elevado (dedo hacia atrás) y garras. Este es el primer registro en la Antártica de Avipeda. Finalmente, logró definir tres huellas de Uhangrichnus (un pato con membrana interdigital hasta la mitad del dedo).

Las huellas estaban en la orilla de un lago: "tenemos restos de tallos de Equisetites, que son plantas que viven en este tipo de ambientes, y también ondulaciones dejadas por el agua en el sedimento (ripplemarks) y gotas de lluvia o paleogotas (raindrops)", explicó el investigador del INACH. La característica más importante son los ripplemarks, ya que se trata de ondulaciones muy juntas unas de otras, indicando que la energía era muy baja en el lugar, probablemente un lago.

El afloramiento tiene una edad que abarca el Eoceno medio, es decir, hace unos 48 millones de años, cuando la Antártica todavía estaba unida con la Patagonia; sólo después del Oligoceno se separan definitivamente, hace 23 millones de años.

El análisis de estas muestras se hizo en los laboratorios del INACH y los científicos chilenos gestionaron la colaboración con investigadores extranjeros, como Silvina de Valais, de la Universidad Nacional de Río Negro (Argentina), experta en huellas de aves, y del geólogo alemán Wolfgang Stinnesbeck, de la Universidad de Heidelberg. Este estudio contó con el financiamiento del Fondecyt y del Instituto Antártico Chileno.

Mansilla destacó que "las trazas fósiles son algo que no se conoce mucho en Chile, hay muy poca gente trabajando en esto y es importante porque es una ciencia que está en el olvido y que puede entregar muy valiosa información para la reconstrucción del ambiente antártico de hace 48 millones de años".

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