18 de diciembre de 2016 00:00

Chimborazo: El agua vuelve a brotar en Guano

Las zonas adquiridas por los comuneros ya recuperaron su vegetación nativa. Foto: Ángel Barona para EL COMERCIO

Las zonas adquiridas por los comuneros ya recuperaron su vegetación nativa. Foto: Ángel Barona para EL COMERCIO

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Cristina Márquez
(F – Contenido intercultural)

Cuando el agua dejó de brotar de las fuentes que abastecían a 20 comunidades de Guano, en Chimborazo, la gente sintió desesperación y se iniciaron los conflictos por el uso de los escasos litros que aún descendían por las quebradas.

Hoy los comuneros están organizados y decididos a recuperar el agua, que antaño era abundante en esta zona. Ellos formaron una asociación dedicada a la defensa de la cuenca hídrica del Machay.

El objetivo de la agrupación es reunir fondos para comprar los páramos que pertenecen a propietarios privados, cuidarlos y convertirlos en una zona protegida cuya función será únicamente la recarga hídrica.

“Nos costó muchos años aprender que el agua no salía del suelo, sino que eran las plantas nativas las que la absorbían y luego la liberaban. Ahora estamos conscientes de que no tendremos agua si no cuidamos el páramo”, dice Alfonso Villarroel, presidente de la Asociación de comuneros.

Hace unos 10 años los terrenos de la parte alta del cerro se llenaron de sembradíos de papa y de pastos cultivados para alimentar al ganado vacuno. En poco tiempo el agua empezó a disminuir y el caudal se redujo de 6,5 litros por segundo a solo tres litros.

En la parte baja de la montaña -donde habitan unas 4 000 personas de las parroquias Ílapo, Valparaíso y de la cabecera cantonal de Guano- se disputaba el uso de la poca agua que descendía de la quebrada Machay hacia esta zona.

“No entendíamos qué pasaba y empezamos a discutir. Pensamos que si el agua no volvía, no había más remedio que migrar”, cuenta Laura Guayanlema.

La asociación se organizó en el 2012 para buscar respuestas a sus dudas sobre el agua. Ellos recibieron asesoría de la Secretaría del Agua y de otras organizaciones y empezaron a capacitarse sobre el cuidado ambiental, la función de los páramos y cómo protegerlos.

El primer desafío que enfrentaron fue convencer a los cerca de 1 100 usuarios de las vertientes sobre el cuidado ambiental. En un inicio, no todos los habitantes respaldaron el proyecto. Pero a medida que los caudales empezaron a crecer, más personas se sumaron a la iniciativa.

La asociación logró adquirir 150 hectáreas de páramos, que antes le pertenecían a seis propietarios. En solo un año de cuidados, el agua volvió a nacer de tres ‘pogyos ‘ (vertientes naturales) que se habían secado en su totalidad.

“Cuando le gente vio que funcionaba, no dudaron más y se unieron a la asociación. Ahora queremos más fondos para comprar más páramos”, dice Juan Carlos Pacalle.

La asociación gestionó con organizaciones no gubernamentales, el Municipio de Guano y las juntas parroquiales para financiar la adquisición de sus primeras 150 hectáreas. Ellos lograron conseguir USD 200 000.

Recuperar los páramos no fue sencillo. La vegetación introducida para alimentar el ganado, como el trébol y el pasto azul, había desplazado a la vegetación nativa. Reforestar a través de mingas no se considera viable debido a que respondería al ciclo de la vegetación nativa del sector.

Los comuneros tuvieron que esperar que la vegetación nativa volviera a nacer y rehabilitara los páramos de forma natural. Mientras que en otro tramo de terreno plantaron yaguales, mortiños, quisuares y otros árboles locales.

En el 2017 esperan adquirir otras 27 hectáreas que ya están en trámite de venta, sin embargo, aún hay propietarios que se resisten a vender sus tierras y continúan utilizándolas para la agricultura y la ganadería.

“Ha sido toda una lucha recuperar el agua. Capacitar a nuestra gente, concienciarla y lograr que los propietarios del páramo nos vendan ha sido lo más difícil”, dice Villarroel.

La Secretaría del Agua es la entidad responsable de asesorar a los comuneros. Ellos trabajan en la declaratoria oficial de protección para esa zona. Por medio de este documento se garantizaría que en el futuro esos terrenos no volverán a utilizarse en actividades que dañen el ecosistema y que afecten a la economía de las familias que aquí habitan.

Los comuneros se dedican a la agricultura y la ganadería para su subsistencia.

La localidad se caracteriza por su clima frío, entre los 9 y 12 grados centígrados.

Más de 4 000  personas habitan en los páramos de esta zona de Chimborazo.

La gente  que vive aquí se autoidentifica como puruhá y, además, como mestiza.

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