29 de April de 2014 00:03

Chicos con dificultades auditivas consiguen logros académicos

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Jefferson tiene más del 70% de discapacidad auditiva. Nació en la provincia de Loja en 1996. Una "enfermedad extraña" le provocó un problema y dejó de escuchar. Solo tenía 3 años. Su madre buscó ayuda médica. Acudió a centros de salud, a psicólogos, terapistas, pero el problema seguía. Así, en el 2011 se trasladó a Quito para buscar una escuela para personas que no oyen.

Recién a los 13 años Jefferson ingresó al instituto Enriqueta Santillán (en el barrio Mena Dos, sur de Quito) donde se relacionó con personas con su misma discapacidad. Ahora tiene 18 años y cursa el noveno año de educación básica.

Es Presidente del Consejo Estudiantil y ha participado en eventos organizados por las universidades para enseñar a los docentes a comunicarse con lenguaje de señas.

Diego Gahona tiene la misma edad de Jefferson y una discapacidad auditiva del 100%. Ingresó hace tres años al Instituto Nacional de Audición y Lenguaje (INAL), otro centro especializado de Quito. Hoy sabe multiplicar, sumar y dividir. Aprender esto le llevó 15 años.

S egún el Conadis, en Ecuador el 13,2% de la población tiene algún tipo de discapacidad. De ese número 263 000 personas padecen problemas auditivos.

Aunque hay buenas experiencias, las cifras nacionales demuestran que únicamente el 6% de ellos ha logrado culminar el colegio y el 1% ha ingresado a la universidad.

Datos del Ministerio de Educación señalan que en Quito hay 14 instituciones educativas para personas con capacidades especiales. En el país hay 990 centros formativos inclusivos y 120 planteles de educación especial: 1 110 en total.

J efferson es uno de los 148 alumnos que estudian en el Enriqueta Santillán. El sueño de este joven es culminar el colegio y viajar a EE.UU. para especializarse en lenguaje de señas y luego estudiar medicina. Hasta ahora dice que va bien.

L os docentes utilizan infocus, computadoras y tabletas para estimular el aprendizaje a sus estudiantes.

Pero una de las cosas que preocupa más a los maestros es cómo enseñar a sus alumnos a leer y escribir de una manera eficaz, por la falta de materiales especializados.

Hasta la fecha, el INAL ha graduado a 18 promociones de bachilleres con discapacidad auditiva. Esto, desde 1987, cuando se creó este centro. Allí se forman personas de 3 a 21 años.

L as clases que se imparten van desde estimulación temprana hasta programas de tipo tecnológico.

2 6 docentes que han aprendido el lenguaje de señas de forma empírica dan clases de Lenguaje, Matemáticas, Ciencias Sociales, Física y Química a más de 184 estudiantes que asisten a la institución.

Diana y María José Gahona son hermanas de Diego. Ellas también tienen discapacidad auditiva en menor grado. Ambas lograron terminar sus estudios de bachillerato. Las dos trabajan en empresas privadas.

Ellas no se consideran personas con discapacidad y aseguran que solo tienen un lenguaje diferente. Ahora quieren mejorar la comunicación con sus padres y amigos, pues ellos no saben lenguaje de señas.

A ndrea Valenzuela tiene 20 años y está en noveno de básica. Recién a sus 15 años logró comunicarse con su familia, después de haber aprendido el lenguaje de señas.

S u mayor frustración fue no entender el lenguaje de sus padres y decirles lo que ella quería y pensaba. Actualmente, su familia recibe capacitación para que pueda comunicarse mutuamente. La discapacidad auditiva no ha impedido que Andrea sea una de las mejores estudiantes de la institución. Ha participado en concursos de pintura y también en foros organizados en la UTE para enseñar a maestros de la universidad a comunicarse con personas que no oyen.

La Federación Nacional de Personas Sordas del Ecuador (Fenasec) indica que a escala nacional existen 22 asociaciones de personas sordas y 5 preasociaciones. Sus representantes dicen que en cada una hay una Comisión de Lengua de Señas con instructores sordos certificados, que capacitan a padres y al público.

Estos cursos se dictan los sábados de 08:30 a 12:30. Para más información pude acercarse al Fenasec, ubicado en la avenida 10 de Agosto N37-193 entre Villalengua y Carondelet.

R ocío Cabezas, rectora del INAL, dice que estos chicos necesitan ser formados con su lengua natural de señas. "Por eso que hay que hacer reformas curriculares para aplicar recursos didácticos que estén acorde con sus necesidades, para que tengan mejores oportunidades de aprender y trabajar".

S egún el denominado archivo maestro de Instituciones Educativas (AMIE), actualmente existen 22 050 chicos en educación básica, 2 052 en bachillerato, 2 061 en educación inicial, 908 en alfabetización.

Jefferson está en ese grupo. Ahora él ayuda para que los profesores también aprendan lenguaje de señas.

  • En contexto

Para que las personas sordas puedan matricularse en el INAL, desde el año pasado se instauró como requisito obligatorio que los padres también se inscriban en cursos para aprender lenguaje de señas. Estos son dictados por los alumnos con mayor experiencia.

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