3 de junio de 2016 00:00

Los chamanes tsáchilas se ubican en la vía a Quevedo

Héctor  Aguavil atiendeensu consultorio, ubicado en el km 7 de la vía Santo Domingo - Quevedo.

Héctor Aguavil atiende en su consultorio, ubicado en el km 7 de la vía Santo Domingo - Quevedo. Foto: EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

Los vegetalistas tsáchilas se han ubicado en la vía Santo Domingo-Quevedo desde hace más de 40 años. Poco a poco fueron adquiriendo las tierras a mestizos o, incluso, algunas son propiedades comunales de la nacionalidad.

El chamán Abdón Calazacón asegura que se asentaron cerca de la vía, porque para los pacientes era difícil llegar a las comunas tsáchilas. “Las carreteras estaban en mal estado y no había transporte público”.

Además, en las comunas había normas que debían respetarse, dice la partera Rosa Aguavil. Señala que los vegetalistas eran sabios, que curaban para retribuir a la naturaleza el don que les concedió y no para enriquecerse. “Por eso, muchos optaron por irse”.

Pero Héctor Aguavil, exgobernador tsáchila, asegura que la intención no fue irse de las comunas sino buscar espacios idóneos para sembrar las plantas medicinales y servir a los necesitados. “No todos quienes vivimos en la vía a Quevedo salimos en malos términos. Asistimos a las asambleas y seguimos siendo parte de la nacionalidad”.

Julio Valencia, catedrático universitario en historia del
Ecuador, asegura que los tsáchilas al llegar a Santo Domingo, del noroccidente de Pichincha, se asentaron en la vía a Quevedo. Pero hace 50 años, los colonos invadieron sus tierras y por eso los nativos fueron abriendo caminos en otros sectores, por ello se crearon ocho comunas. “La colonización siguió. Hace 20 años de­sapareció una comuna y ahora esa tierra es habitada por mestizos. Eso ha hecho que los tsáchilas se independicen en la vía a Quevedo”.

Cerca de esa carretera hay tres comunas aledañas: Chigüilpe, Peripa y Los Naranjos. Mateo Calazacón, presidente de la comuna Chigüilpe, cuenta que desde el kilómetro 7 hasta el 15 hay 20 curanderos certificados, que atienden desde daños estomacales hasta el cáncer en las primeras etapas.

Todos los tratamientos se basan en hierbas nativas y en enseñanzas ancestrales. Roberto Calazacón indica que para curar el cáncer colocan una serpiente en un frasco de vidrio y lo entierran en el bosque por más de un mes. Los líquidos que se fermentan sirven para preparar remedios. Los pacientes vienen de Guayas, Pichincha, Los Ríos, Manabí, entre otras.

Héctor Aguavil recibe hasta 100 pacientes en el mes. “No solo curan enfermedades físicas, sino también espirituales”. Para el chamán, el nivel de energía a veces influye en que las personas sean propensas a enfermedades. El estrés, problemas familiares o depresión hacen que bajen las defensas y aparezcan enfermedades.

Fátima Pérez sigue un tratamiento con Aguavil desde hace un mes. El dolor en las articulaciones ha disminuido. “He tomado infusiones y me he colocado pomadas. Mi estrés ha disminuido y estoy mejor”.

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