2 de julio de 2018 00:00

Chachis y afros recuperan sus espacios

José Antonio Tapuyo es de la comunidad El Progreso. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla. Redactor
marcel.bonilla@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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Comuneros chachis y afros de Esmeraldas participaron en la elaboración de un trabajo escrito en el que se documentaron algunas de sus prácticas ancestrales. Esta investigación se hizo en las poblaciones de Telembí y Zapallo Grande, con el apoyo de la CooperaciónTécnica Alemana (GIZ).

El documento fue denominado ‘Espacios de los usos tradicionales para la soberanía alimentaria de comunidades Chachis y Negras de la zona norte de Esmeraldas’.

Este proyecto se hizo, principalmente, con la finalidad de visibilizar los métodos y técnicas de cultivo ancestral de productos como el plátano, maíz y plantas medicinales, que se mantienen vigentes en las comunidades asentadas en el río Cayapas, en el norte.

En la recolección de la información de este material participó el antropólogo Juan García. Lo hizo en el 2016 y, lamentablemente, falleció un año después. Luvin Oviedo, técnico de la Prefectura de Esmeraldas, hizo la edición del trabajo, además de la recolección.

Los dos expertos describieron, entre otras costumbres, las labores que se realizan dentro de las canoeras. Estas son áreas donde se cultivan plantas que dan olor y sabor a las comidas de chachis y afros. También hablaron de tradiciones gastronómicas.

“Muchos de los instrumentos, trampas y técnicas que los negros usamos en la cacería y la pesca son los mismos que usan los chachis”, señaló Eliseo Corozo, uno de los habitantes de la comunidad de Santa María del Alto Cayapas.

Corozo señaló que muchos de esos instrumentos tienen nombres distintos para cada etnia, pero cuando se los busca para la preparación de la comida tienen la misma utilidad.

La identificación de estas metodologías y espacios ancestrales se hizo con base en narraciones y testimonios de estudiosos y pobladores que ya habían trabajado en propuestas sobre la importancia de la soberanía alimentaria en comunidades chachis y afros del río Cayapas.

Estos espacios son de alta importancia para la producción de conocimientos ancestrales, cultura, conservación y uso de la agrobiodiversidad local, indicó Oviedo.

Al igual que en Esmeraldas, la Cooperación Alemana apoya en otras zonas del país para la identificación y valoración de los lugares destinados a la producción de alimentos y en donde se aplican métodos particulares de cada nacionalidad.

Las comunidades chachis del Cayapas, por ejemplo, conservan la tradición de sembrar maíz para preparar la colada de choclo. Los afros preparan el cazabe, que es un dulce ancestral hecho con maíz.

La cosecha del plátano en estas comunidades no solo se ha destinado a la alimentación. Una parte de este fruto se ha ocupado también para el tratamiento de algunas enfermedades, como las denominadas ‘secas’, producidas por heridas. Para aliviar este mal, los nativos cortan un plátano con cáscara y lo calientan en el fogón. Luego, lo frotan en la parte afectada.

En esta comunidad se volvió costumbre el uso del agua de guineo para calmar los dolores de hígado o para bajar la fiebre de los niños.

Otra de las tradiciones afros es la ingesta del verde asado ‘al sereno’, como calmante de las dolencias en los más pequeños.

Gioconda Nazareno, de la comunidad de Telembí, dijo que estas prácticas han sido conservadas por sus padres, quienes las han transmitido a las nuevas generaciones.

“No abandonaremos la manera tradicional para atender una emergencia con el uso de plantas medicinales y aromáticas de nuestro territorio”, comentó Hilario Corozo, de la comunidad de Santa María del Cayapas.

Todavía hay varios habitantes -de los más ancianos- de las orillas del Cayapas que han dicho que el trabajo que mantienen en las canoeras fue enseñado por sus antepasados.

Ana San Nicolás, de una zona chachi, dijo que en otras comunidades ubicadas en el río Santiago llamaban ‘eras’ a los sitios donde se cultivaban estas plantas nativas.

El libro

El primer tiraje de esta publicación cultural alcanzó los 5 000 ejemplares.

La difusión


El material fue compartido en las comunidades de Santa María, Telembí y otras.

Contenido

El libro, de 66 páginas, recoge también narraciones de habitantes ancestrales.

Apoyo

Bélgica y otros países también han participado en proyectos
similares.

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