21 de octubre de 2016 00:00

Villa Celia, un nuevo espacio para la cultura en Quito

La Fundación Zaldumbide Rosales muestra las colecciones de arte de varios siglos

La Fundación Zaldumbide Rosales muestra las colecciones de arte de varios siglos. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

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Pamela Castillo
Redactora
pcastillo@elcomercio.com (I)

Alrededor de 3 000 obras pictóricas y esculturas de la Escuela Quiteña y otras 1 000 europeas, que datan desde el siglo XVI, se exhiben de forma permanente en el Centro Cultural Villa Celia, el nuevo espacio dedicado al arte en el norte de Quito. También, hay unas

8 000 piezas arqueológicas, en su mayoría de las culturas de la Sierra norte de Ecuador. Una musicoteca y videoteca recogen el trabajo de compositores, tablaturas y grabaciones. La biblioteca tiene unos 3 000 libros, algunos del siglo XVI , en su mayoría con temas de música e historia. Villa Celiafue la casa de la pianista Celia Zaldumbide Rosales, donde también dictó clases.

Hace dos semanas, este hogar abrió sus puertas para que artistas, escritores y músicos hagan uso de sus salas para exposiciones, lanzamientos y recitales. La Fundación Zaldumbide Rosales, a cargo de los familiares de la fallecida artista, dispone de los bienes y de las colecciones de historia, música y literatura, que ahora están al beneficio de la ciudadanía. Para visitas y uso de las salas se debe hacer una cita.

La curadora de arqueología María del Carmen Montina explica que las obras pertenecen a la colección de la pianista y de su padre, Gonzalo Zaldumbide, un importante escritor. “La casa no ha sido restaurada, solo fue adaptada para este nuevo propósito”.

En la planta baja hay tres pianos, cada uno con una característica especial en el sonido que emite. Los muebles de sala y comedor son de colección; hay estanterías que albergan esculturas, sobre todo de caballos, que revelan la afición de Gonzalo Zaldumbide.

Obras barrocas con vírgenes, ángeles y símbolos religiosos se destacan en la sala. Un cuadro de la Virgen de Guápulo lleva al visitante por las gradas que conducen al segundo piso.

La que fue la habitación de Celia Zaldumbide es un espacio reservado a la música con discos y acetatos. “Estamos haciendo el inventario de las obras. A Celia le interesaba que la gente que la visitaba tuviera una amplia gama de selección musical”, explica Guillermo Zaldumbide, vicepresidente de la Fundación y sobrino de la artista.

Entre las piezas hay ocarinas y silbatos que requieren de conocimiento para ser interpretados. “Un grupo está estudiando esas piezas y ha descubierto los sonidos que emiten”, dice Montina. La pianista compraba y coleccionaba piezas arqueológicas.

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