25 de mayo de 2014 00:42

La Cenicienta de Danzas Jazz gustó y rompió con lo convencional

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Redacción Entretenimiento
Guayaquil

La adaptación musical del clásico cuento La Cenicienta fue puesto en escena por la compañía La adaptación musical del clásico cuento La Cenicienta fue puesto en escena por la compañía Danzas Jazz de Guayaquil. La cita fue ayer (sábado) en el Teatro de la Casa de la Cultura. Hoy, el show se repite a las 11:00.

Cantantes, bailarines, actores y músicos ofrecieron una versión bastante parecida a la producida por Walt Disney en 1950.

Sin embargo, en la primera escena se vio a un Príncipe azul disfrazado de plebeyo y paseando por las calles de su reino. Por esas cosas de la vida, el joven se encontró con una Cenicienta mal vestida y cargada de unos paquetes. Al tropezarse, surgió una química, que habló de esos amores a primera vista.

La clásica madrastra y las hermanastras de la protagonista (Cenicienta) no fueron el símbolo de la maldad, que se proyecta en la historia llevada a la gran pantalla. Más bien, fueron unos personajes graciosos, torpes y para nada oscuros. Prueba de ello, las risas y aplausos de los más pequeños asistentes.

Luego de cada escena, las intervenciones musicales se ganaron el aplauso de la gente. La voz de Cenicienta interpretada por Nicole Rubira parecía salida de una doblaje de una cinta hollywoodense.
Uno de los personajes secundarios- que al final ganó fuerza y aplauso- fue el mayordomo del Rey. El personaje interpretado por el actor Juan Gálvez demostró que tiene escuela y desenvolvimiento escénico. Sus gestos hablaban, más que sus palabras, en escenas como el anuncio de la fiesta del Príncipe.

Las bromas y uno que otro modismo nacional no faltaron. Como en una escena, donde Grace (hermanastra) trata de impresionar al Príncipe azul con un francés ‘bastante fluido’ que contenía palabras como chaulofán y papas con cuero.

De su lado, la otra hermanastra, Joy- antagonista- sacó risas al público con sus piruetas y risas descontroladas.

No faltaron los ratoncitos, amigos de Cenicienta, quienes escuchaban atentos sus canciones y anhelos, por conseguir al amor de su vida.

El hada madrina interpretada por Lucciana Hackman jugó el papel de una psicóloga mágica. En esta adaptación no fue la adorable anciana que complacía todos los deseos de Cenicienta.

Más bien, fue una especie de gurú que la llevó por el camino de la verdad y confianza en sí misma. El ser mágico se delató y aceptó que no portaba alas ni varita mágica, porque no era alguien convencional.

El hada convirtió a los ratones en caballos blancos, que empezaron a danzar en medio del escenario. La calabaza se transformó en un carruaje conducido por un elegante chofer.

Todo estaba listo para el gran baile en palacio.
Nuevamente las hermanastras se robaron el show. Grace quería bailar con el Príncipe a la fuerza y Joy trataba de enamorarlo con su risa desbordante.

Pero claro, no sabían que el hada mágica había dotado a Cenicienta de un bello traje celeste, que combinaba con unas zapatillas de cristal.

Cuando el Príncipe y la bella del cuento se encontraron, empezaron a bailar un valse tomados de las manos. El Rey y la Reina hicieron lo mismo y recordaron cuanto se amaban.
Como la historia cuenta, las 12 campanadas llegaron y el encanto se acabó. El Príncipe solo se quedó con el recuerdo de la zapatilla de la desconocida Princesa.

Fue entonces que Lionel (mayordomo) y el Príncipe recorrieron todo el reino, en busca de la bella desconocida. En esas andanzas, las bailarinas de Danzas Jazz demostraron su talento, para combinar actuación con ballet clásico. Una de ellas alzó la pierna y al darse cuenta de que el calzado cristalino no le calzó, se descuartizó de forma artística, creando un número parecido al de El Lago de los cisnes.

En la casa de Cenicienta nuevamente se rompió el molde con las hermanastras malvadas. Las cuatro – incluidas Cenicienta y la madrastra- bailaron juntas, esperando con anhelo la llegada de la corte real.

Al final, no es difícil adivinar, quién calzó a la perfección el calzado mágico. Cenicienta, sin mayor esfuerzo fue la elegida. Entonces, el Príncipe recordó que había visto a su amada en el pueblo, mucho antes que el día del baile.
El telón se cerró y se volvió a abrir, para dejar ver una Cenicienta vestida de blanco, junto a su adorado galán. Los dos bailaron y anunciaron su boda.

Así, el cuento se acabó y los integrantes de Danzas Jazz aparecieron en escena. Allí, se tomaron de las manos y agradecieron al público. Los que más festejaron fueron los niños, que comprendieron que no siempre la gente puede ser mala por completo.

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