4 de noviembre de 2017 00:00

En casa, aún hace falta educar a hijos en temas de sexualidad

Karina Campaña y su esposo Javier Vivanco hablan sobre las diferencias entre hombre y mujer a Paola y Andrés, de 5 y 3 años. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

Karina Campaña y su esposo Javier Vivanco hablan sobre las diferencias entre hombre y mujer a Paola y Andrés, de 5 y 3 años. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Mariela Rosero
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Karina Campaña y su esposo Javier Vivanco han aprendido a responder con naturalidad y sin asustarse a las inquietudes de sus hijos relacionadas con sexualidad. Paola y Andrés, de 5 y 3 años, les preguntan: ¿por qué mi ñaño orina de pie y yo sentada? ¿Cómo el bebé llega a la barriguita de la mamá?

En su caso -anota esta madre de 37 años- la decisión ha sido hablarles sobre las diferencias entre los cuerpos del varón y la mujer. Y llamar a los genitales por sus nombres. “El papá orina parado porque es hombre y tiene un pene, como Andrés. Y la mamá, vagina, como Paola”.

Desde las últimas semanas de septiembre, en esta familia como en otras del país, se ha empezado a hablar de cómo prevenir el abuso sexual en niños y adolescentes.

Esto tras difundirse las historias de violación de profesores a alumnos. Según la Fiscalía General, en el 2015 se denunciaron 1 636 delitos contra la integridad sexual de menores de edad. De ellos 296 en el ámbito educativo. Este 2017 ya van 1 420 denuncias y 198 en los planteles.

Pese a lo alarmante de las cifras, no existe una cultura de prevención de abuso sexual en los hogares.

Lo apunta Rocío Rosero, de la Coalición Nacional de Mujeres, quien para probarlo muestra cifras. Ecuador es el tercer país con la tasa más alta de embarazo adolescente, después de Nicaragua y República Dominicana, según la Cepal. Y 67,7% de mujeres de 15 a 24 años no utilizó un método anticonceptivo en su primera relación sexual pues no esperaban tenerlas, no conocían sobre eso y no lo consiguieron.

No hay una conciencia -comenta Rosero- de los padres sobre la importancia de la educación para la sexualidad integral dentro de la familia.

El mes pasado hubo una marcha de grupos en contra de la educación sexual en planteles. Pide “no educar desde los miedos y cucos sino con información, para que el chico aprenda a cuidarse, con formación laica, científica, sin tabúes”.

En esa misma línea va Virginia Gómez de la Torre, presidenta de Fundación Desafío. Cita un estudio del 2011 sobre Planificación Familiar y Uso de Métodos Anticonceptivos en Ecuador, del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Se consultó sobre el conocimiento de métodos anticonceptivos, educación sexual, infecciones y VIH.

Se concluyó que el 5% de los chicos se enteraron de esos temas por su madre; 17%, en la escuela o colegio; 20% por la TV, entre otras cosas.

En el 2016, Surkuna publicó la investigación ‘Nuestros derechos, nuestras voces’, para mostrar facilidades y limitaciones en el acceso a información para el ejercicio de derechos sexuales y reproductivos de jóvenes de Quito. En encuestas manifestaron que no sienten la confianza en casa para hablar del tema: “mis hermanos me toman a chiste”, “mis papás ya piensan más allá y mal”, “tengo una ideología apegada a Dios, siento que mi familia es muy cerrada y no puedo tener ni enamorado”.

En los Países Bajos, Holanda, Suecia y Dinamarca, las tasas de embarazo adolescente son más bajas. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la clave ha sido fomentar la educación sexual temprana, de tal modo que los menores la hayan recibido antes de su iniciación.

A mi hija Paola -recuerda Karina- le contamos junto a mi esposo Javier, que su hermano llegó a mi vientre fruto del amor entre los dos. No le dieron más explicaciones. Planean hacerlo a medida que crezca. Ella les dijo: “ah, entonces fue algo mágico”.

Estos padres saben que hay información en todas partes. Así que prefieren explicarles ellos mismos. Les han enseñado sobre la necesidad de la privacidad cuando toman una ducha o van al baño. Además que nadie puede tocar sus genitales ni su trasero ni su pecho, en el caso de la niña.

“Entramos en shock por las denuncias de abuso en colegios”, admite Karina. Ya fueron a la Ludoteca, sur de Quito, para conversar con todos los profesores y saber dónde encontrarlos.

Selenia Larenas, periodista, es madre de Carlos y Sara, de 11 y 3 años. También está alarmada. Los padres -anota- debemos tener olfato para identificar que los hijos llegan tristes o mal, mantener la comunicación, pese al ritmo loco de trabajo.

“Hijo cuídate, solo tú puedes alertarnos de que algo malo pasa. Cuéntame si ves algo anormal, si alguien te ofrece de pronto una recompensa, busca acariciarte...”. Eso le ha repetido a Carlos. Ha sido directa con él, por su edad. Han comentado la noticia de los abusos sexuales. “Tienen tantos canales de información que los padres debemos llegar primero”.

Hace poco entendió por qué la puerta principal de los baños del colegio en donde él estudia es transparente. No se lo han confirmado, pero cree que es una forma de prevenir acercamientos indebidos en ese espacio.

En el terreno de la educación sexual hay mucho por hacer. En Ecuador, más del 90% de agresores sexuales son familiares o cercanos a las víctimas, según datos de la Fiscalía del 2015.

“Nunca hay que obligar a los niños a saludar con besos a los adultos si no quieren. Eso les enseña a forjar su propio criterio y a decir no cuando se sientan incómodos. Tampoco con besos o ‘piquitos’ como ocurre en ciertas familias. Se confunden”, lo indica Anna Vohlonen, oficial de Educación del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Los niños

Tu cuerpo es solo tuyo. Puedes negarte si no quieres tocar, besar o abrazar a alguien. Solo mueve tu mano para saludar.

Adultos de confianza.
Les debes contar todo porque te creen y ayudan. Más si algo o alguien te hace sentir triste o mal.

Secretos. Nunca debes guardar secretos que te hagan sentir mal. Si alguien te pide callar debes contarlo a los adultos de confianza.

Caricias. Si una persona te toca y tiemblas, tu corazón late muy fuerte o sudas, debes contarlo a las personas en quienes confías.
Partes privadas. Son las que van debajo del traje de baño y nadie puede pedirte que las toque. Tampoco hacer fotos.

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