19 de febrero de 2016 00:00

‘Carol’, la posibilidad de un amor proscrito

El director Todd Haynes  se rebela contra la  institucionalidad del ­cuerpo y del sentimiento

El director Todd Haynes se rebela contra la institucionalidad del ­cuerpo y del sentimiento. Foto: Captura de pantalla YouTube

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Fernando Criollo
Redactor (I)

Agazapada bajo el seudónimo de Claire Morgan, en 1952, la escritora estadounidense Patricia Highsmith publicaba la novelaEl precio de la sal’, una historia de amor protagonizada por dos mujeres y que resulta tan apasionada como inescrupulosa, a vista de una sociedad mayormente conservadora.

Más de medio siglo después, el director Todd Haynes revive el idilio protagonizado por Therese (Rooney Mara) y Carol (Cate Blanchett), en su última película, que se proyecta a partir de hoy en los cines del país.

En el relato que Haynes adoptó con el nombre de ‘Carol’, Therese es una joven de clase media, empleada en una juguetería de Manhattan. Algo introvertida, apasionada por la fotografía y pretendida por un paciente y condescendiente novio, siente que hay un velo de incertidumbre que rodea su futuro.

Sin embargo, un monótono día de trabajo se deja cautivar por el glamoroso encanto de Carol, una mujer de clase alta que busca un obsequio para su hija. Pese a las comodidades que le podría ofrecer el dinero, su vida atraviesa un difícil momento al enfrentarse a un cuestionado divorcio, mientras intenta pelear por la custodia de su hija.

Pero una casualidad malintencionada hará que el camino de estas dos mujeres se cruce de una forma lo suficientemente impulsiva como para trastocar por completo su vida. Entonces, el deseo encubierto que nace entre las protagonistas se revela sutilmente en un juego de miradas, expresiones y silencios, descritos con una gran sensibilidad y profundidad psicológica. Un desenvolvimiento tan orgánico como las atmósferas de una vieja Nueva York, retratada con mucho cuidado y visión artística hasta en sus más finos detalles.

Mara entrega una exquisita interpretación de pequeñas vibraciones, de un inocente y perturbador encanto que se opone y, por lo mismo, se complementa con la osadía y la experiencia de Blanchett. La interacción de estos dos mundos opuestos y divididos por etiquetas de clase social, género y edad es lo que hace de esta relación algo inquietante pero conmovedor.

El desconsuelo del novio, la indignación del marido y las voces e instituciones que intentan corregir la inmoralidad solo refuerzan la búsqueda de una identidad más allá del género.

Con seis nominaciones al Oscar, Haynes no abandona su militancia con la identidad de género transgrediendo la institucionalidad del matrimonio, de una hipócrita moral y hasta de la justicia a través de un relato sin ataduras y reflexiones tan pertinentes hoy como hace 60 años.

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