18 de febrero de 2016 00:00

Carlos Rosero transfigura el desnudo y la tecnología

Carlos Rosero, uno de los artistas neofigurativos más importantes del país, en su estudio-galería ubicado en el norte de Quito.

Carlos Rosero, uno de los artistas neofigurativos más importantes del país, en su estudio-galería ubicado en el norte de Quito. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)

Para Carlos Rosero la pintura es inagotable. Un vehículo de comunicación que, a inicios de los años ochenta, le sirvió para mostrar el caos y el vértigo de la vida urbana contemporánea. A través de personajes como el burócrata, armó metáforas sobre la postración individual y social que se vivía en aquella época.

En los últimos cinco años, gracias a esa visión de la pintura como un arte visual que permite entablar una relación cercana con el público, Rosero ha vuelto a uno de los temas recurrentes en el mundo de las artes, el desnudo femenino.

Esta temática forma parte de una de las series de ‘Transfiguras’, la nueva muestra que inaugurará este sábado 20 de febrero, a las 11:00, en la Galería Sara Palacios, en Nayón.

En los desnudos de Rosero hay un diálogo entre lo moderno y lo contemporáneo. Un trabajo que inició con la serie ‘Magma’, en el 2010 y que en ‘Transfiguras’ evolucionó gracias a la colaboración de Pablo Rosero, su hijo.

El resultado de esta fusión es visible en un tríptico de gran formato en el que Rosero intervino las formas geométricas que su hijo diseñó a través de un programa de software y que luego plasmó en el lienzo a través de la serigrafía.

Aestas formas bañadas de color negro, Rosero las llenó del movimiento de cuerpos femeninos de trazos largos, sutiles y delicados. Para este artista neofigurativo, ganador del segundo premio en la VII Trienal de Arte Contemporáneo de Osaka realizado en Japón, en 1996, sus desnudos van más allá de mostrar el despojo de los materiales que cubren el cuerpo para insertarse en la desnudez de la mente, el desnudo como la excusa perfecta para mostrar lo que sucede en el interior del ser humano.

Esta idea está muy presente en ‘Cenizo’, un acrílico sobre lienzo que Rosero pintó a inicios de este año. En esta pieza hay tres cuerpos femeninos con extremidades maleables pero sin cabeza, o más bien con cabezas de formas abstractas donde aparecen símbolos que forman parte del bestiario que ha creado el artista.

La otra serie que será parte de ‘Transfiguras’ es ‘Clips’. En estos cuadros, Rosero abre el debate sobre la relación entre los seres humanos y la tecnología. “Las personas -dice- están viviendo una época muy rica en información pero pobre en relaciones humanas”.

En cada cuadro de esta serie están presentes los clips, pequeños artefactos que sirven para sujetar hojas y que en las obras de Rosero cumplen la función de “sostener” el cuerpo de cada personaje. En ‘Clips’, las relaciones obsesivas que tienen las personas con los ‘gadgets’ tecnológicos y cómo estás se han vuelto una extensión del cuerpo humano se hacen más palpables.

En ‘Transfiguras’, Rosero busca una reivindicación de la pintura frente al arte contemporáneo. Para él, la comunicación que tiene el público con la pintura, a diferencia de lo que sucede con otras artes, es fluida. Además, busca conectar al público más joven con obras y propuestas artísticas que, con el cierre masivo de galerías, a finales de los años noventa quedaron en el limbo.

Rosero, uno de los artistas que impulsó el neofigurativismo en el país, línea en la que también se inscriben Luigi Stornaiolo y Marcelo Aguirre, está convencido que la pintura, a pesar de todo el show mediático que, según él, se arma alrededor de otras expresiones artísticas, tiene una ventaja, la de mantenerse cercano a la gente a través del tiempo y el espacio.

En esta muestra también habrá un espacio de trastienda en el que se exhibirán productos culturales como serigrafías en pequeño formato para que el público joven acceda a la obra de Rosero. Además se exhibirá una serie de grabados de la serie ‘Perros de alguien, perros de nadie’, una obra de finales de los años setenta.

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