25 de septiembre de 2016 00:00

El canon es una forma de sumisión  

Wilfrido Corral ha dedicado  gran parte de su vida a que universitarios de Estados Unidos conozcan, a profundidad, sobre los autores y las narrativas latinoamericanas. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Wilfrido Corral ha dedicado gran parte de su vida a que universitarios de Estados Unidos conozcan, a profundidad, sobre los autores y las narrativas latinoamericanas. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I) gflores@elcomerio.com

Wilfrido Corral es un de los críticos literarios ecuatorianos más reconocidos. Fue el curador de ‘Novela Latinoamericana para el Siglo XXI’. Defiende y también critica las visiones canónicas.

Es un crítico literario con carisma y sin poses -algo raro dentro de su medio-. A pesar de que ha vivido, por décadas, en Estados Unidos, mantiene su acento guayaco intacto.

Corral fue el curador de la ‘Novela Latinoamericana para el Siglo XXI’, un encuentro que reunió a críticos y creadores literarios de la región, y que concluyó el viernes 23, en el Centro Cultural Benjamín Carrión.

En el coloquio ‘Los precursores olvidados y el canon novelístico’ esbozó las primeras ideas sobre lo canónico, un tema que por primera vez reflexiona fuera de la literatura.

El mundo contemporáneo está lleno de cánones. ¿Los necesitamos?, ¿nos sirven de algo en la vida práctica?
No quiero parecer purista y conservador, pero sí necesitamos de los cánones. Sobre todo si pensamos en el canon como una especie de modelo. No es que los mayores seamos más inteligentes que los jóvenes pero está el tema de la experiencia. Volvemos a ese proverbio que dice ‘más sabe el diablo por viejo que por diablo’. En la vida práctica el canon es una manera de discernir las cosas en momentos donde hay tanta oferta.

¿El canon familiar es el que más nos marca?
Creo que sí, pero recuerda que todos nos rebelamos en algún momento. Las cosas que les gustaban a mis padres no necesariamente me gustan a mí. Por ejemplo, yo leo novelas y mi madre ve telenovelas. A mi padre le gustaba el fútbol y yo no sigo los deportes.

¿El canon siempre tiene que ver con lo sagrado?
Se puede hablar de los libros canónicos de la Biblia, pero creo que hoy lo canónico no tiene nada que ver con lo sagrado. Lo canónico en la actualidad tiene que ver con las experiencias de tu vida y con las subjetividades que te definen. Con esto quiero decir que no hay nada perfecto. Hay mucha oferta pero tenemos la libertad para decidir lo que nos gusta.

¿Necesitamos de lo canónico para legitimar nuestras vidas?
Sí, especialmente en el campo artístico. El canon, en general, te puede dar cierto orden, una manera de ver la vida porque no podemos hacerlo todo. Por ejemplo, yo no puedo leer todos los libros que salen.

¿Qué es lo más canónico de la sociedad ecuatoriana?

Lo más canónico de nuestra sociedad y que me resulta horrible es esta división entre Sierra y Costa. Me parece que, en todo sentido, es lo más grave que le puede pasar al país. En el mundillo en el que me muevo hay una cantidad de rencillas y mafias, eso también es canónico. En algún momento tienes que ponerte a ti y a tus amigos en perspectiva y darte cuenta que no eres la gran vaina y que no todo se debe hacer de acuerdo a tus gustos.

¿Y lo más anticanónico?
Eso es difícil de notar porque no tendemos a rebelarnos. Creo que es básicamente por el miedo de deslegitimar a algo o a alguien, por eso no decimos nada. En la literatura, Pablo Palacio es un ejemplo de alguien anticanónico. En la sociedad ecuatoriana lo que veo es una gran oposición, que me parece muy necesaria, a las condiciones de vida actuales.

¿Los cánones son formas sutiles de sumisión?
Totalmente, porque no sabes en qué momento te están dando gato por liebre. Yo sí creo que son formas de sumisión.

¿Por qué no cuestionamos los cánones?
Porque básicamente somos cobardes, porque no queremos quedar mal y, en otros momentos, por simple ignorancia. De repente alguien te dice mira, acabo de ver esta gran obra o de leer este libro, qué te parece. Si tú no has leído ese libro o no has visto esa gran obra entonces lo primero que piensas es en no quedar mal, cuando lo mejor es ser honestos y decir no sé de lo que me hablas.

¿Aceptamos los cánones porque tenemos miedo al caos, al desorden?
La gente que es muy canónica es gente muy obediente. Hay que pensar que en el arte, sobre todo, los más desobedientes son lo que más han contribuido a la creación de nuevas maneras de ver las cosas. El escritor chileno Carlos Franz dijo, en uno de los coloquios, que lo inestable es preferible a lo estable porque lo estable es lo conocido. Hay que buscar cosas que despeguen y hay que mirar hacia las nuevas generaciones.

¿Aceptamos los cánones por la necesidad de tener precursores, modelos o héroes en nuestras vidas?
Creo que necesitamos precursores, pero hay que pensar que a veces, y esto viene de Jorge Luis Borges, que cada uno crea sus propios precursores. Pasa cuando ves una película que te gusta y de repente te hace acuerdo de otra y de otro director que hizo algo similar mucho antes. En la literatura, si lees novelas contemporáneas bien hechas te das cuenta de que mucho de lo que se escribe ya está en ‘El Quijote de la Mancha’.

¿Finalmente a quién le sirve el canon?, ¿a todos o solo a las pequeñas élites?
Creo que los cánones nos afectan a todos de una manera u otra. A las élites en mayor medida porque son las que más se preocupan sobre su existencia. Si a una señora que anda por la calle le dices para usted qué es lo más canónico, lo primero que te responde es qué diablos es eso del canon.

¿Qué pasa cuando nuestros referentes canónicos son personajes como Brad Pitt o Angelina Jolie?
Me parece horrible. No sé absolutamente nada de ellos pero ves en el periódico que ponen en primera plana que se divorcian y te preguntas qué tiene que ver esta gente con el mundo. Me parece horrendo que sigamos haciendo esto. ¿De dónde sacamos que Brad Pitt y Angelina Jolie son noticia cuando hay gente muriéndose de hambre y otra que realmente está jodida?

Wilfrido Corral

Nació en Guayaquil. Su trabajo está enfocado en el ensayo y la crítica literaria. Se ha especializado en narrativas hispanoamericanas y nueva narrativa continental. Es autor de ‘Bolaño traducido: nueva literatura mundial’ y ‘Mario Vargas Llosa: la batalla de las ideas’. Fue incorporado, esta semana, como Miembro Correspondiente de La Academia Ecuatoriana de la Lengua.

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