1 de marzo de 2017 21:47

No más abuso sexual infantil ni más silencio

Paola Andrade y Ricardo Vélez buscan quiteños para los talleres de apoyo a víctimas de abuso sexual. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

Ricardo Vélez y Paola Andrade buscan quiteños para los talleres de apoyo a víctimas de abuso sexual. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

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Mariela Rosero
Coordinadora (I)
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Son una pareja de esposos, con tres hijos de 24, 16 y 11 años. Recomiendan alertar a los niños sobre las caricias seguras e inseguras.Prevenirlos para que, como pequeños superhéroes, tengan sus radares encendidos, cuando adultos u otros menores de edad -no solo extraños,incluso familiares- les hagan sentir incómodos.

Paola Andrade y Ricardo Vélez, de 45 y 43 años, se reconocen como sobrevivientes de abuso sexual en la infancia. Ella lo vivió desde los 4 años hasta los 16. Y él, de los 8 a los 12. La vida hizo que se juntaran. Hace cuatro años encontraron el camino: decidieron salir al mundo a contar lo que les pasó. No fue una decisión fácil.

Así surgió la campaña que promueven, ‘Ecuador dice no más abuso sexual infantil’, aliados de la estrategia mundial No More. Son guayaquileños así que empezaron en su ciudad, en una primera etapa brindan su testimonio. Pero hay más. Desde septiembre del 2016 pusieron en marcha grupos de apoyo a víctimas de abuso sexual infantil. Acuden adultos, adolescentes, padres con sus hijos abusados...

Hace dos fines de semana se desarrolló el primer grupo de apoyo en Quito, de modo piloto. Buscan realizar un segundo encuentro, las citas son totalmente anónimas y cuentan con la presencia de una psicóloga y la pareja. Hay que escribir a [email protected] pero también están en Facebook y Twitter.

Hasta antes de emprender esta ruta, Andrade se describía como una “mujer rota”, que lloraba todos los días.
Una mañana buscaba en Internet cómo callar los pensamientos, los recuerdos del abuso, de cómo siendo una pequeña niña un familiar cercano le obligaba a practicarle sexo oral o la sentaba en su regazo para frotarla contra su cuerpo... Más tarde, como adolescente, dentistas le tocaban sus pechos. Con ese dolor y esa necesidad de hallar algo para superarlo dio con casos de adultos que confesaban haber sido abusados en su infancia.

Oprah Winfrey, conductora de un ‘talk show’ en EE.UU. También Erin Merryn, activista, considerada una voz para quienes no tienen voz. La mujer, a la que conocieron este mes, nació en Chicago y sufrió abuso sexual desde los 6 años, rompió su silencio a los 13.

En el 2009 envió cartas a los legisladores para que se enseñara seguridad personal a los niños en todas las escuelas.

Eso dio paso a la aprobación de la ‘Ley Erin’. Esta exige a las autoridades escolares implementar un curso para orientar a sus estudiantes. ¿En qué temas? Les ayuda a reconocer y evitar el abuso sexual y las conductas sexuales inapropiadas.

Una de cada cinco mujeres y uno de cada 13 hombres declaran haber sufrido abusos sexuales en su infancia, según la Organización Mundial de la Salud. En Ecuador, el 17% de niños y adolescentes ha sufrido abuso sexual y el 90% de alguien de la familia o amigos, registra el INEC.

A los esposos Andrade y Vélez les gustaría conseguir que un plan como el de la Ley Erin se incorpore en los planteles educativos del país. Mientras, recomiendan a los padres que hablen de este tema con sus hijos, que les crean y que rompan esos códigos del silencio, que ayudan a los abusadores.

¿Cómo prevenir? Hay mucho por hacer. Pero primero darles confianza a los hijos, no gritarles porque eso apaga su voz y hace que eviten contarles a los padres los problemas, de todo tipo que enfrentan.

Así responde Paola, quien pide enseñarles a los preescolares y escolares que no todos los adultos que conocen son buenas personas. “Les preguntamos ¿te cepillaste los dientes? ¿comiste lo que te mandé en la lonchera?”. Y apunta que en lugar de eso se deja de lado consultas como ¿Te pasó algo desagradable en el día? ¿Alguien te hizo sentir incómodo?

Ricardo Vélez da más alertas: si el niño no quiere ir a casa de un familiar, si muestra que no le tiene confianza a un vecino, a un amigo de la casa...

“Nuestra generación estaba preparada para cuidarse del extraño en el parque”, comenta este hombre, que sentía ataques de ira, mientras conducía, por ejemplo, recordando cómo fue abusado de niño.

Con meditación él y su esposa aprendieron a lidiar mejor con su pasado. Encararon a sus padres por negligencias, que permitieron que parientes cercanos abusaran de ellos. Sienten que no obtuvieron las mejores respuestas.

Admiten que gana el ‘código del silencio’, como llaman a ese temor al qué dirán, a enfrentar que un tío, un primo, un abuelo o un padre es un abusador. “Pásele a él la vergüenza, ellos no hicieron lo correcto”, dicen.

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