15 de marzo de 2017 00:00

Las diferentes formas de cazar se rescatan en bosques tsáchilas

Los tsáchilas utilizan una especie de dardo para cazar animales que se encuentran en vegetaciones de difícil acceso.  Foto: Juan Carlos Pérez/PARA EL COMERCIO

Los tsáchilas utilizan una especie de dardo para cazar animales que se encuentran en vegetaciones de difícil acceso. Foto: Juan Carlos Pérez/PARA EL COMERCIO

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Bolívar Velasco
Redactor
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(F-Contenido Intercultural)

La supervivencia llevó a los tsáchilas a ingeniarse formas para asegurar la alimentación de sus miembros que por su costumbre de nómadas emprendían largas caminatas.

Para eso recurrían a la cacería de animales silvestres que encontraban en los extensos territorios y bosques que recorrieron por años.

Los cuidadores del bosque ubicado en la comuna tsáchila Chigüilpe, que lleva el nombre de Uni-Shu, rescatan la costumbre de cazar animales, tal y como se los enseñaron sus ancestros.
Ellos realizan demostraciones sobre estas prácticas inculcadas por sus antepasados.

También, cuentan anécdotas de esta dinámica como, por ejemplo, que no solo eran necesarias las tareas manuales sino también la invención de instrumentos que facilitaran ese ejercicio.

Así por ejemplo crearon una herramienta con base en un madero delgado que tiene un conducto por el cual se traslada una suerte de dardo que se lanza contra el animal.

Este dardo, embadurnado con un sedante natural, es empujado con un soplo de la boca hacia la especie que se va a capturar, explica el tsáchila Abraham Calazacón.

En la demostración se pone a prueba la capacidad para retener la mayor cantidad de oxígeno en sus pulmones.
De eso depende el éxito que se tenga para dar en el blanco.
Otra herramienta indispensable para la cacería es la lanza de chonta o de pambil.

A diferencia del madero con el dardo, esta necesita de mayor precisión y fuerza muscular, puesto que es casi similar a un ejercicio de tiro al blanco.

Incluso el contacto con el objetivo es más próximo, pues a menor distancia se tiene más certeza de lograr buenos resultados, comenta Calazacón.

Las especies que más demanda tenían en la cacería de los antepasados tsáchilas eran la guanta, zorras y armadillo.
El gobernador tsáchila, Javier Aguavil, asegura que actualmente la cacería no es una prioridad, pero se hacen demostraciones en recorridos turísticos en los bosques de las siete comunas.

De todos los métodos para la búsqueda de alimentos hay uno que aún se practica. Se trata del gusano conocido como mayón y que se extrae del árbol de la palma de chonta. Este alimento tradicional se sirve asado y elaborado en forma de pincho.

La líder comunitaria tsáchila, Albertina Calazacón, refiere que las mujeres van a las plantaciones en busca de este gusano como una tradición que siempre ha estado ligada a las prácticas femeninas.

Cuenta que para esto no es necesario un instrumento, pues solo con las manos escarban en sitios específicos de la planta o palma de chonta.

Javier Gende, habitante de la comuna Cóngoma Grande, explica que en el invierno se acostumbra a capturar esta especie, porque se encuentra en abundancia y coincide con un mayor rendimiento del fruto de la palma.

“Nuestros antepasados se alimentaron de estos gusanos por muchos años”, agrega. Pero también le dejaron una enseñanza sobre su existencia.

Los ancestros tsáchilas creían que estos gusanos se convertían en mariposas cuando no se extraían de la planta.
Su reproducción depende de las larvas que los insectos o las moscas colocan en la palma.

La pesca tampoco se ha dejado de practicar, aunque ahora los ríos que cruzan por las comunas tsáchilas tienen altos niveles de contaminación, por la descarga de químicos.

Sin embargo, en los pocos espejos de los afluentes es común observar a los nativos que lanzan las redes de nailon y de esa forma encuentran peces, como la tilapia.

Héctor Aguavil comenta que para la pesca incluso se emplean otras herramientas como la lanza, el anzuelo y los botes de madera. Considera que es una destreza que incorpora la mayor variedad de elementos.

Por eso hacen esfuerzos para que las nuevas generaciones continúen con este ejercicio. También, lo hacen con los niños, a quienes en cambio les enseñan a buscar camarones de río debajo de las rocas, que aparecen en los afluentes, comenta el gobernador tsáchila, Javier Aguavil.

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